"El veneno de ETA sigue vivo" Rogelio Alonso

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Rogelio Alonso habla en “La derrota del vencedor” de la victoria sobre la banda terrorista 

 

 

 

Texto: FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO

 

Rogelio Alonso ha volcado en La derrota del vencedor, La política antiterrorista del final de ETA (Alianza editorial) su visión bajo la premisa que la derrota del terrorismo nacionalista, según el discurso oficial, constituye, parafraseando a Hannah Arendt, una “mentira política organizada”.

Con el recuerdo palpitante del treinta y un aniversario del atentado más sangriento que ETA perpetró en su historia - el del centro comercial Hipercor de Barcelona en junio de 1987 que causó la muerte de veintiuna personas, cuatro niños entre ellas, y dejó a heridas a otras cuarenta y cinco, miro a los ojos a este profesor de Ciencia Política, especialista en terrorismo, y multipremiado por sus trabajos sobre el fenómeno, para comprender como uno se enfrenta a un trabajo tan enorme como el que ha investigado, y por qué.

Un libro tan profuso de datos y con referencias tan dolorosas, requiere de estímulos importantes. ¿Cuáles son los suyos?

Es un enorme esfuerzo que está inspirado y motivado por diferentes personas, algunas de las cuales aparecen en el libro. Otras, ciudadanos que, como digo también en sus páginas, muy legítimamente sienten un resentimiento como resultado de este final del terrorismo, que al contrario de lo que dice el discurso oficial, es un final sucio. Basado en la impunidad política, social, moral, y también penal.

¿El resentimiento es sano?

He podido compartir con bastantes personas esa frustración, ese sentimiento de injusticia, ese resentimiento… y creo que es sano porque no debe confundirse con la venganza y que es una denuncia política y moral de un valor ético enorme porque, precisamente, manifiesta la injusticia de una determinada situación. Todo ello ha supuesto una motivación para escribir este libro.

¿Por qué responsabiliza directamente a los gobiernos del PSOE y del PP de lo que llama un “final tramposo”?

El anagrama de ETA, que nos muestra un hacha y una serpiente, lo podemos utilizar para explicar lo sucedido a lo largo de los últimos años. Y, fundamentalmente, de los últimos cuatro gobiernos de nuestra democracia presididos por Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, porque veremos la secuencia.

Hay un momento entre el 2000 y el 2004 que ETA asume - en sus propios términos- que su final por aniquilamiento puede llegar. Que su muerte política ha llegado después de la ilegalización de partidos, y también asume que el terrorismo es un lastre que solo continúa como moneda de cambio. Por eso el símil: nos encontramos en qué el hacha está herrumbrosa y la serpiente teme ser aniquilada.

¿Qué ocurre después del año 2004, a su parecer?

Pues que el hacha se mantiene herrumbrosa, pero la serpiente se engorda. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero le ofrece una negociación en contra de lo que recomendaban los propios servicios de inteligencia, las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, que habían visto lo que las negociaciones suponían: oxígeno para la organización terrorista. Y lo que se hace a partir de ese proceso es engordar a la serpiente.

¿En su opinión que motiva que el presidente Zapatero obre así?

Hay varios factores a tener en cuenta. La precipitación, el cortoplacismo, el intentar colgarse una medalla reivindicando ese final que, Rubalcaba en varias ocasiones, se ha arrogado para su propio partido. Hay también un componente ideológico en tanto cuanto una parte del partido socialista comparte una determinada interpretación del fenómeno terrorista, que sigue concediendo al PNV esa suerte de liderazgo en el final, en el cual no puede haber vencedores ni vencidos. Esa es la explicación de porqué Zapatero elige ese modelo de final.

¿Por qué entonces los gobiernos de Mariano Rajoy que habían criticado desde la oposición la política de Zapatero y Rubalcaba, continúan con ella?

Por carencias. Ese Partido Popular evidencia una ausencia de liderazgo político y moral para aplicar la política antiterrorista que habían prometido a sus electores. Y luego se sorprende el PP de que pierdan, como han perdido electores. Pero es que la política antiterrorista era precisamente uno de los elementos que generó una gran confianza. Luego no cambian los ciudadanos su opinión sobre ella, cambia el PP de Mariano Rajoy su actitud que es la de continuar esa política ya de legitimación, de engordamiento del brazo político de ETA, de los sucesores de Batasuna.

Se echa en falta algún elemento determinante para reforzar y hacer más plausible lo que explica, porque sin duda existe. ¿Cuál es?

Claro, otro factor que influye en esa decisión, es el miedo al “último muerto”. Esta era la expresión de algunas personas del entorno del gobierno de Mariano Rajoy. El miedo a que si cambiaban esa política que había negociado Zapatero con ETA, la organización terrorista podía volver a matar. Y ese temor es el que también los lleva a aceptar esa hoja de ruta que habían criticado en la oposición.

¿Cómo se ha cerrado el tema del terrorismo en Irlanda del Norte? ¿Existen similitudes con el de España?

A pesar de las diferencias en esos contextos de violencia, hay también analogías que hacen pertinente la comparación. Ambos procesos de finalización del terrorismo se han sustentado en políticas antiterroristas que han permitido el deliberado fortalecimiento de los representantes políticos de los grupos terroristas. Como resultado de la presión de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y servicios de inteligencia, se produjo un debilitamiento operativo del IRA y de ETA que llevó a estos grupos a cuestionarse la continuidad del terrorismo. Pero ese debilitamiento operativo se complementó con relevantes concesiones por parte de los estados que les reportaron a los terroristas significativos réditos políticos.

Entiendo en que, si bien los fundamentos del terrorismo irlandés, tiene diferencias objetivas con el de ETA, su final se iguala al que ha llevado a cabo el Estado Español

Los Estados responsables de dichas cesiones han intentado encubrirlas aduciendo que ninguna de estas organizaciones ha logrado sus máximas aspiraciones independentistas y nacionalistas. Así se oculta que regiones que forman parte de democracias liberales europeas como Reino Unido y España pueden seguir dentro del mismo estado al que los terroristas desafiaron mientras el sistema político y social, profundamente deformado por la violencia, consolida actitudes y comportamientos antagónicos con los principios democráticos. Las relevantes concesiones recibidas a cambio del cese de sus campañas han permitido a estos grupos terroristas reivindicar la eficacia de su violencia, reivindicación con un claro componente propagandístico, pero también, desgraciadamente, con fundamento.

Volviendo a España la visión y el sentir de las víctimas parece que no es unánime respecto a ese final que usted denuncia, sino más bien complejo. ¿Cómo se explica esas diferencias?

Las víctimas del terrorismo son heterogéneas y, por tanto, tienen diferentes ideas e ideologías. Unas manifiestan su conformidad con este final del terrorismo y otras no. Pero lo que todas ellas tienen en común es lo que Joseba Arregui ha definido como su “significado político”. Como Arregui ha señalado de manera muy iluminadora, la “verdad de las víctimas” y su “significado político” radica en la intencionalidad política de los asesinatos de ETA. Es decir, las víctimas lo son porque ETA las victimizó con el fin de imponer unos determinados objetivos políticos nacionalistas. Por tanto, “el significado político” y “la verdad” de las víctimas obliga a impedir lo que ETA pretendió con sus asesinatos. Obliga a impedir la destrucción del sujeto político instituido en el Estatuto de Guernika y en la Constitución.

Usted es muy crítico con el PNV y le acusa de aprovecharse de “la perversa cosecha del asesinato”.

Hoy el PNV propone un nuevo Estatuto en el que se exige el “reconocimiento de Euskal Herria como comunidad política”. O sea, lo mismo que ETA persiguió a través de sus asesinatos, ignorando que el terrorismo nacionalista de ETA laminó a la competencia electoral del nacionalismo; los ciudadanos que no compartían ese credo nacionalista vieron vulnerados sus derechos y libertades, y que todavía hoy no son libres e iguales.

Enfatiza la dimensión política de las víctimas…

Porque es fundamental y, desgraciadamente, algunas víctimas a las que los principales partidos políticos dan una gran prominencia pública la ignoran. Así se ha logrado el objetivo que ETA ansió: “desactivar a las víctimas”. Pues el aumento de la presencia pública de algunas víctimas del terrorismo ha sido proporcional a la disminución de su capacidad para alterar una realidad que algunas de ellas apoyan y que va en contra de la justicia que dicen reivindicar. Algunas víctimas hablan más de sentimientos que de la justicia que un Estado está obligado a brindar a sus ciudadanos.