Martín Sivak y el marxista que no quiso ser banquero

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El escritor Martín Sivak escribe El salto de papá (Seix Barral),  una novela sobre su padre, Jorge Sivak, preso político en la Argentina de Lanusse, exiliado durante la dictadura militar de Videla, marxista y banquero. 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Foto: SEIX BARRAL

 

“Concebí el libro como una historia universal. El libro de Héctor Abad Falcione El olvido que seremos me gustó mucho como también el de Kureishi, Mi oído en su corazón, o las Cartas al padre de Kafka. Todos estos títulos fueron esenciales para mí a la hora de pensar El salto de papá y junto a ellos también me sirvió de mucho leer Mi libro enterrado de Mauro Libertella, que es una gran novela, La muerte del padre de Knausgard o Patrimonio de Philip Roth”, comenta Martín Sivak, que acaba de convertir en novela la historia de su padre, Jorge Sivak, el hombre que no quiso ser banquero y que, en 1990, se suicidó al ver la quiebra de ese banco que había tenido que dirigir por imposición familiar. Preso político, defensor de los presos políticos, perteneciente al Partido Comunista y a las Fuerzas Armadas de Liberación, así se podría resumir la trayectoria de Jorge Sivak antes de hacerse cargo del banco familiar, fruto de la fortuna que su padre había hecho tras comprar Minera Aluminé. Jorge Sivak, asimismo, fue hermano de Osvaldo, que en 1985 fue secuestrado y asesinado en esos primeros años de democracia argentina. Jorge nunca superó el secuestro de su hermano en esa “primavera democrática” de la que muy pronto se desilusionó.

El salto de papá es una novela del duelo y, al mismo tiempo, es una investigación periodística en torno a tu padre.

Me gusta esta idea de “novela del duelo”. La primera parte del libro la escribí en los Estados Unidos y es que estar fuera, lejos de la Argentina, me ayudó mucho a escribir, a ser consciente de la ausencia de mi papá y a recuperar los recuerdos de infancia. En la segunda parte predomina el elemento periodístico, aunque, si lo pensás bien, es un absurdo, ¡nadie hace una investigación sobre su papá! Para escribir esta parte, me reuní con muchas personas que lo habían conocido, desde su psicoanalista y su peluquero hasta sus amigos banqueros.

Una serie de testimonios que construyen una imagen plural, incluso, contradictoria de tu padre.

Sin duda. Me interesaba incorporar las voces de las distintas personas que retrataron a mi papá, porque todos ellos lo hicieron de una manera distinta, dependiendo de su propia experiencia. Lo que sí puedo decir es que no hubo nadie que no se pusiera a llorar recordando a mi papá, que era alguien muy generoso. Puede resultar contradictorio afirmar esto de una persona que decide matarse, pero es así; en vida, mi padre fue excesivamente generoso.

Tu padre también fue alguien que peleó por ser coherente, por ser banquero y, a la vez, sostener sus ideales marxistas

Mi papá no tenía ninguna vocación empresarial y, de hecho, fue un pésimo administrador, hizo negocios absolutamente disparatados. Era alguien que tenía un banco, pero no se lavaba el pelo con champú porque la consideraba una actitud pequeño-burguesa. Sin embargo, no sé si había esa pelea por la coherencia que comentas. No creo que detrás de este gesto y de otros hubiera una gran interrogación. Él entendía que los negocios eran una continuación de la política, no eran un fin en sí mismo, y, por tanto, trasladaba a los negocios su concepción de la política.

En realidad, la política fue su principal preocupación.

Cierto. Él abandonó el Partido Comunista y abandonó la FALC bastante pronto y , tras el regreso a Argentina, sus últimos 17 años de su vida estuvieron dedicados a hacer política, pero sin pertenecer a ninguna organización. Era un marginal en todos los sentidos, empezando por los negocios. Su banco no era un gran banco ni él era miembro de ninguna cámara empresarial; era alguien que participó en el juego del poder desde una posición marginal, mezclándose con políticos, militares e intelectuales. Su ambiente era completamente homogéneo.

Su idea de la política, como se ve en sus encuentros con Lanusse, bajo cuyo gobierno había sido detenido por razones políticas, se basaba en la necesidad de dialogar con todos.

Totalmente. En el contexto de las dictaduras militares, un sector de la izquierda latinoamericana pensaba que era necesario buscar los militares afines a sus ideas. Se consiguió en Perú con Velasco Alvarado, se consiguió en Bolivia con Juan José Torres, se consiguió con Seregni… Mi padre compartía esta misma idea y, en cierta manera, trató de llevarla a cabo. Esto no significa que, en los años 80, mi papá propiciara una reconciliación entre los que habían matado entre la dictadura y los demócratas, más bien él pensaba que había que tener redes de relaciones. Él no se hubiera sentado con Videla ni con los comandantes de la Junta Militar, pero tenía una manera de entender la política que, por entonces, ya era vieja. La transición hacia la democracia argentina se buscaba reflejarse en la Transición española, lo que sucede es que en Argentina la transición no fue pactada, de ahí que las fuerzas armadas fueran extremadamente vulnerables y de ahí que hubiera intentonas militares contra la democracia. Mi papá, en este contexto, tejía estar relaciones en un intento de proteger la reciente democracia, si bien en estas relaciones tuviera poco que ofrecer.

Su encuentro con Seineldín responde a un intento por salvar a su hermano

Mi papá era un hombre desesperado porque le había secuestrado a su hermano; él sentía una culpa enorme y una desesperación espantosa. Para salvarlo, entró en relación con policías y militares, si bien él nunca hubiera entablado estas relaciones.

Pero, como recuerdas en el libro, ese encuentro responde también a un intento de “evitar un golpe de Estado”, es decir, de proteger la democracia.

Sí, sin duda. Sin embargo, visto ahora con la distancia, lo cierto es que su diálogo con Seineldín y su alianza con los carapintada no era el mejor camino, no era lo más recomendable. Dicho esto, sí es cierto que a papá le importaba mucho lo que sucedía en Argentina y, de hecho, volvimos del exilio de Uruguay porque se había terminado la dictadura militar y Argentina era un país por construir. En efecto, él volvió con la intención de irse de la empresa del padre y dedicarse a construir este nuevo país, sin embargo no fue posible.

¿Ese deseo de irse de la empresa familiar ejemplifica esa mala relación entre tu abuelo y tu padre?

Para mí fue muy incómodo escribir sobre este tema. No es grato escribir ciertas cosas sobre determinados miembros de la familia, pero hubiera sido muy deshonesto por mí parte no abordar la mala relación con mi abuelo y el comportamiento de éste. Mi papá se suicidó en casa de mi abuelo, que siempre tuvo una actitud muy poco paterna. Volvió a Argentina dispuesto a participar en la primavera democrática; vivió con entusiasmo aquella época, si bien lentamente se fue desilusionando, pero no se pudo zafar de ese mandato de la empresa familiar.

Una imagen muy emblemática de la novela es la del saludo de tus padres a los obreros antes de suicidarse

Sí, él no solo se despide del mundo sino que se despide, en concreto, de los obreros. No hay que olvidar que el objetivo de cualquier marxista argentino era convertir al marxismo a la clase obrera, que se hizo peronista masivamente a partir de 1945. En este sentido, el peronismo ocupó el lugar del marxismo. Ese saludo de mi padre, por tanto, era un gesto de resignación, un gesto que, sin embargo, él hacía con una sonrisa.

La novela termina con la muerte de Fidel Castro, ¿metáfora también del fin de toda una generación?

Sí, la muerte de Castro corresponde al final de una generación, de esa generación a la que pertenecía mi papá y en la que yo me formé. Hasta los quince años repetía como un loro todo lo que decía mi papá. Me acuerdo que, en una ocasión, un profesor de inglés empezó a hablar de los crímenes de Stalin y yo le rebatí. Tiempo después, empecé a leer libros acerca de Stalin y cambió totalmente mi opinión. En cierto modo, en mi educación había un mandato ideológico muy claro, mandato que, con el tiempo, abandoné.

¿Fue una generación de soñadores, de inocentes soñadores?

En aquella generación había inocencia y había infantilismo. Todos los negocios de mi papá con la Unión Soviética escondían una actitud algo infantil, en cuanto veía los negocios como una prolongación de la política y, de ahí, que todos los negocios se centraron en comerciar con la Unión Soviética y, evidentemente, no funcionaron. Algunos de mis amigos, me dicen que, en realidad, mi padre fue un adelantado, porque si le hubiera ido bien hubiera sido de los primeros a los que les fue muy bien comerciando con Europa oriental. Sin embargo, para mí no era un adelantado, era un entusiasta y, de pequeño, yo participaba de este entusiasmo.

Antes casos como los que ocupan las páginas de los periódicos españoles de preferentes y tarjetas black, tu padre representó otra manera de ser banquero.

Sin duda, pero también hay que decir que, por sus malos negocios, mi papá perjudicó a muchos ahorristas. Sin embargo, mi papá jamás se abrió una cuenta en Suiza con el dinero de los ahorristas y en los meses finales, cuando todo iba a colapsar, mi padre se negó a seguir los consejos de sus amigos, que le decían de sacar dos millones y abrir una cuenta fuera de la Argentina. Mi padre nunca hizo esto y, cuando todo quebró, mi padre no dejó dinero escondido, nos dejó solamente la casa. Mi padre pagaba retornos a políticos para salvar el banco, pero él no se enriquecía personalmente; el beneficio que obtenía era el de salvar el banco y ya está. Para mi papá, que estaba muy orgulloso de haber sido un preso político, era toda una deshonra enriquecerse con dinero que no le era propio.

La pregunta que se plantea es si hay otra forma de ser banquero, es decir, si se puede ser honesto o si la tragedia de tu padre radica precisamente en que solo hay una manera de ser banquero y es una manera muy poco ética.

Esta es la gran pregunta. ¿Cuántas maneras hay de ser banquero? Para mí el mundo de las finanzas es totalmente desconocido y, de hecho, cuando empecé a escribir este libro no me preocupé por estudiar el sistema bancario argentino. Para mí, hay dos formas de ser banquero: como lo fue mi padre y como lo son todos estos banqueros que ocupan páginas de periódico. Mi papá era un hombre para el cual la honradez era muy importante, pero también tengo que decir que tenía una actitud algo provocativa o infantil: quería tener un auto chico, no quería utilizar champú…. Es decir, no quería que se le viese como banquero, pero lo era.

¿Se avergonzaba de su posición?

Totalmente. Sentía vergüenza e incomodidad, pero, al mismo tiempo, él quería demostrar a su familia que, a pesar de todo lo que había pasado, a pesar del dinero que se fue intentando salvar a su hermano, él podía sacar adelante el banco.

Tu tío fue definido como “el primer desaparecido de la democracia”. A través de su historia y de la historia de tu padre narras los turbulentos años de esa “primavera democrática”

A mi tío lo secuestraron el 29 de julio del 1985 y se pagó el rescate a los pocos días, pero durante los siguientes dos años y medio no hubo noticia alguna. Fue un momento muy significativo de la transición, donde se constataba las dificultades del gobierno democrático para depurar las fuerzas de seguridad, para desmantelar el Estado que habían dejado los militares. En este sentido, el secuestro de mi tío se convirtió en reflejo y símbolo de toda una época, que para nosotros no fue nada fácil. Después de su secuestro, yo viví con guardaespaldas durante cinco años.

Argentina, en comparación a España, es ejemplar por lo que se refiere a memoria histórica, pero ¿cuánto se tardó en depurar el Estado de la herencia dejada por la dictadura?

Es una gran pregunta. Al no ser una transición pactada, el gobierno de Alfonsín tuvo la posibilidad de hacer el llamado “Nuremberg argentino”, pero las asonadas militares provocaron que el consenso general entre las élites políticas tuviera como objetivo buscar algún tipo de amnistía e indulto. En todo momento, fue central la movilización de la sociedad civil, que consiguió que en el siglo XXI se derogaran esas leyes que amnistiaban y que se iniciara un nuevo juicio a los responsables. Por tanto, no hubo una única decisión inicial acerca de cómo administrar el legado de la dictadura militar, sino que fue algo que se fue produciendo a lo largo de los años.

¿Los Kirchner tuvieron un papel importante?

Sí, ciertamente. Los Kirchner hicieron posible que todos los organismos de los derechos humanos se aliaran al gobierno para llevar a cabo estos juicios. Sin embargo, la verdadera victoria fue de la sociedad argentina, que fue la que se movilizó para que se realizaran los juicios. Algunos alertaron de que Macri detendría los juicios, pero no puede hacerlo, porque esa conquista no fue algo propio de los Kirchner, sino de la sociedad. Obviamente, Macri tuvo expresiones muy desafortunadas, pero lo cierto es que, por el momento, los juicios continúan y hay una relación muy cotidiana con nuestra historia.

Si no me equivoco, creció escuchando canciones republicanas.

Mi abuelo Sabino, el padre de mi madre, era andaluz y era anarquista. En casa siempre hubo una gran sucesión de anécdotas en relación a mi abuelo, que nunca volvió a España porque se había prometido que nunca volvería mientras estuviera Franco. Mi abuelo murió en 1972, así que le fue imposible volver. Esto marcó mucho a mis padres, sobre todo cuando nosotros tuvimos que exiliarnos. A todo esto, en casa había varios discos de canciones de la Guerra Civil Española y escuchábamos a muchos cantautores, sobre todo recuerdo las canciones de Paco Ibáñez.