Ignacio Padilla: uno de los mayores y más originales cuentistas de nuestro tiempo"

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Entrevistamos a Jorge Volpi, que ha editado los relatos inéditos que componen "Lo volátil y las fauces", el cuarto volumen de la Micropedia de Ignacio Padilla, publicada por Páginas de Espuma

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 

Foto: LISBETH SALAS

 

Ignacio Padilla murió el 20 de agosto de 2016 en Querétaro en un trágico accidente. Hoy la editorial Páginas de Espuma publica Lo volátil y las fauces, un bestiario que cierra Micropedia, la enciclopedia que hace ya veinte años empezó a escribir Padilla. Lo volátil y las fauces reúne muchos relatos hasta ahora inéditos, relatos que se habían quedado en el ordenador de Padilla, que, sin embargo, tenía ya bien trazado cómo debía ser el cuarto libro de su enciclopedia dedicada al cuento. Jorge Volpi se ha encargado de la edición de los textos.

¿Cómo describiría a Ignacio Padilla a un lector que no ha leído ninguno de sus relatos?

Diría que Nacho es uno de los mayores, de los más interesantes y de los más originales cuentistas de nuestro tiempo. Micropedia no solo es la obra de un escritor literariamente muy ambicioso, sin que es, sin duda, la obra cuentística más ambiciosa escrita en los últimos veinte años. Debemos entender Micropedia, que nace, en gran medida, del deseo de Nacho de hacer una gran enciclopedia del mundo, una gran enciclopedia de esos mundos fantásticos que tanto le gustaban, como un conjunto perfectamente organizado y estructurado temáticamente que nos descubre un universo completo lleno de fantasía y de fino humor negro. Se trata de un universo que nace de la erudición borgiana, de la experimentación lingüística de García Márquez y que nos descubre, como te decía, a Nacho como un escritor completamente original.

Si no me equivoco, Ignacio Padilla se definía como “cuentista”.

Sí, él siempre se definió principalmente como cuentista. Solía decir que era un físico cuántico. Y, sinceramente, creo que tenía razón al definirse como un autor de relatos, pues su enorme capacidad lingüística y su imaginación desbordante funcionan sobre todo en el género corto.

En su interés por la lengua, ¿qué papel tuvo Cervantes?

A él le interesaba muchísimo la lengua, su estudio y su indagación. Nacho se obsesionó con Cervantes y con su lengua, se fascinó por el barroco y por el siglo de oro, y creo que, a partir de estos intereses y de estos referentes, reelabora su lengua. Piensa, que él tenía el audiolibro de El Quijote y lo reescuchaba una y otra vez en sus trayectos semanales entre Querétaro y Ciudad de México. Y recuerda que el escribió trece fantásticos ensayos sobre Cervantes que se pueden encontrar en España, en cuanto algunos fueron publicados por el Fondo de cultura económica. Por lo que se refiere a su literatura y a la relación de ésta con el lenguaje, diría que Nacho intentó reelaborar el lenguaje del Siglo de Oro. Él entendía la literatura desde la complejidad lingüística.

Él admiraba mucho a García Márquez, si bien su generación, la Generación Crack, a la que usted también pertenece, trató de alejarse de la llamada “literatura del boom” y de su estética

Él y todos los escritores de la Generación del crack éramos grandes admiradores de García Márquez. Con el manifiesto del crack, lo que hicimos es levantarnos contra la idea de que era necesario repetir a García Márquez, contestamos ese tópico según el cual la literatura mexicana y, más en general, la literatura latinoamericana debía seguir definiéndose por ese exotismo que la había dominado hasta entonces.

¿Podríamos decir que la Generación crack se opuso abiertamente al tópico de “lo latinoamericano”?

Nosotros intentábamos escapar, efectivamente, del encasillamiento en lo latinoamericano para defender la idea de que “lo latinoamericano” es múltiple, variado y difícil de definir en un único concepto. Desafortunadamente, el tópico de “lo latinoamericano” sigue perdurando, aunque de otra manera. Hace 20 años, el tópico estaba relacionado principalmente con el realismo mágico y con la idea de que América Latina era mágica. Ahora, lamentablemente, el nuevo tópico nos dice que toda América Latina es violenta y que, por tanto, solo hay que hablar de la violencia, como si ésta fuera la única condición latinoamericana.

En este sentido, ¿el modelo de escritor era Borges, un autor que trascendía la tradición nacional?

Exacto. Borges encarna esa tradición paralela que siempre existió en Latinoamérica; se trata de una tradición literaria más amplia, más abierta y, sobre todo, menos nacionalista.

Borges es el gran cuentista latinoamericano del siglo XX y fue una gran influencia para Ignacio Padilla.

Sin duda, pero también lo fue El Quijote. A Nacho le fascinaba la idea de que, inicialmente, El Quijote tenía que ser un cuento . Finalmente, Cervantes optó por escribir una novela prodigiosa hecha de muchas historias engarzada. Y, en cierta manera, este era el modelo de Nacho en el momento de pensar Micropedia, que debería leerse como una obra total, única. Por supuesto, el lector puede comprar los libros separadamente y leer solamente los cuentos que le interesan. Sin embargo, Nacho imaginó los cuatro libros que componen Micropedia como un único proyecto y yo, como lector de Nacho, estoy seguro de que quien empieza con los primeros relatos querrá leer los siguientes y así encontrar toda esa serie de encadenamientos que hay no solo entre los libros, sino también entre los cuentos.

¿A través de Micropedia podemos rastrear cómo ha ido cambiando el estilo o los temas de Ignacio Padilla?

Creo que lo sorprendente de Nacho reside en el hecho de que uno puede leer el primer volumen de Micropedia, que se publicó hace veinte años, y el último, que terminó de escribir hace dos años y medio, y no notar ningún tiempo de alteración ni tampoco una evolución radical. Lo que quiero decir con esto es que el lector de Micropedia se encontrará con la grandeza de un gran proyecto narrativo homogéneo y coherente, un proyecto, dicho sea de paso, que Nacho se imaginó tal y como lo hemos editado ahora. No es fácil pensar una obra tan compleja y tan total como Micropedia y es precisamente esta dificultad la que convierte a Nacho un autor tan original y tan prodigioso.

¿Podemos decir que en Amphitryon encontramos muchos de los elementos que definen los relatos reunidos en Micropedia?

Amphitryon fue la tercera novela de Nacho, fue la que le dio más fama y con la que ganó el Premio Primavera. Entre sus novelas y sus cuentos siempre hay trasvases y, de hecho, muchas de sus novelas, incluida Amphitryon, nacen de un cuento. Había también mucho trasvase entre su obra de ficción y sus ensayos. Nacho se movía muy cómodamente entre estos tres géneros, a los que hay que sumar también el teatro, pues escribió alguna pieza teatral. Sin embargo, el germen de su novela es el cuento.

Género de gran tradición y prestigio en las letras latinoamericanas.

Es cierto que en América Latina el cuento tiene una gran tradición, pero, en los últimos tiempos, como pasa también acá, es un género que ha ido perdiendo muchos lectores frente a la novela, que se ha convertido en el género por excelencia de los lectores.

Hemos hablado de Cervantes, de Borges, de García Márquez…. ¿qué otros autores o tradiciones literarias le interesaban?

Le interesaba mucho la literatura norteamericana, sobre todo, la literatura del siglo XIX, de la misma manera que leía con interés a los autores rusos, en concreto, Chejov, y a los italianos. Disfrutaba especialmente con Manganelli, que es un autor poco leído ahora y que para él fue muy importante. Por lo que se refiere a la literatura española, su relación era sobre todo con Cervantes y con el Siglo de Oro, que estudió y conocía muy bien, aunque, por supuesto, admiraba también a más de un escritor español contemporáneo. Tenía una especial afición por Javier Marías y por Javier Tomeo, por ejemplo.

¿Qué queda de la Generación Crack?

Bueno, los que seguimos vivos seguimos siendo fieles a los ideales de aquel manifiesto. Yo sigo siendo amigo de muchos de los autores que formaron conmigo aquella generación, como Eloy Urroz o Pedro Ángel Palou, y sigo frecuentando y admirando a Vicente Herrasti y a Ricardo Chávez. Para todos nosotros, los postulados de la generación crack siguen siendo importantes y siguen estando vigentes, si bien para mí el crack termina simbólicamente con la muerte de Nacho.

¿Y qué hay de Ignacio Padilla en los autores que vinieron después?

No sabría decirte. En realidad, Nacho es un autor tan extraño y tan rato que, solo de aquí a algunos años, podremos ver si ha ejercido alguna influencia en otros escritores. Por de pronto, lo único que te puedo decir es que, ahora mismo, no encuentro a nadie que pueda ser definido como un seguidor de Nacho.

Por último, ¿qué recuerda de sus largas conversaciones con Ignacio?

Recuerdo que eran conversaciones que daban muchos frutos. Cuando vivíamos en Salamanca, él no dejaba de hablar acerca de su tesis doctoral sobre Cervantes y yo le hablaba sobre En busca de Klingsor. Nos contaminábamos continuamente y él despertó en mí el interés sobre El Quijote, un interés que fructificó en mi libro El fin de la novela.