Romina Serrano: “Dejé el amor ideal de lado y empecé a escribir poesía de respuesta”

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Romina Serrano (Montevideo, 1994) es Licenciada en Letras por la UdelaR, escritora, editora, poeta y docente. Es autora del poemario Ejercicio de las memorias (Otro azul, 2018 y Liberoamérica, 2018), ganador del premio de poesía joven Casa de los Escritores de Uruguay.

 

 

 

Texto: DARÍO ZALGADE

 

A comienzos de 2018 publicabas en Uruguay Ejercicio de las memorias (Otro azul, 2018). Poco tiempo después fuiste premiada por la Casa de los Escritores, y a finales del año tu poemario ya estaba desembarcando en España. El recorrido es meteórico. ¿Cómo te sentís al ver que tu poesía comienza a calar en Europa con tanta rapidez?

Todo ha acontecido muy rápidamente, es cierto. Esta celeridad también se dio en la decisión de formar parte del universo material de la literatura. Hasta este año, nunca había pensado en publicar. Me parecía que mi poesía carecía de interés ya que mi mente estaba colonizada por las poéticas de pasados siglos. Claro que parece más interesante una poética establecida alrededor de una guerra mundial, ante la poética de este mundo, y no mundo, de este Uruguay mío tan plano. Sin embargo, este pensamiento constituía un error de perspectiva: mirar en comparativa no era la llave para interpretar las riquezas y pobrezas de un mundo que también debía y podía ser puesto en palabras. Lo que pudo dirigirme a esta nueva forma de estar en el mundo se la debo al movimiento poético ultrajoven de mi país; con él pude rodearme de poéticas de la existencia hipermoderna que me llevaron hacia la publicación, y más aún, el movimiento de mi poesía y las poesías jóvenes como propuestas estéticas de un valor no inenarrable, sino completamente narrable, nuestro.  Llegar a España con mi poesía significa ser lo más rebelde posible, como me gustó ser siempre, evitando a esos todos y todas, por lo general todos, que se atan con el cinturón a una silla que mal usan, apreciando solamente poéticas anticuadas y reproductoras de un canon que, por dios, el poeta siempre debe combatir. No entendieron nada, viven de la palabra muerta, pura, no humana.

Ejercicio de las memorias es uno de los poemarios más creativos que pueden encontrarse hoy por hoy en lengua castellana. Metaliteratura, sensualidad, crítica, filosofía, reflexión intimista e incluso metafísica se alternan en sus páginas con escenas y espacios cotidianos del Montevideo más contemporáneo. ¿Cómo fue tu proceso de planificación y escritura de este poemario? ¿Cómo son esos momentos en los que decidís sentarte frente al papel y trasladar tus pensamientos a una forma poética?

Tenía una deuda con mi pasado y no podía seguir evitándola. A veces, cuando uno continúa sin un ejercicio de autorreflexión, puede llegar a cargar tantas interrogantes que lo desvían de cualquier respuesta posible al presente. Eso me pasó a mí. Tenía una deuda con la crisis económica, que no noté; tenía una deuda con la sexualidad, que escondí; tenía una deuda con la familia, que combatí, y tenía una deuda con mis odios, que disfracé. Todo eso se hizo tan grande que tuve que revolverlo, pues ya no sabía por qué, a veces, era alguien que no sentía yo. Entonces dejé el amor ideal de lado y empecé a escribir poesía de respuesta. Esas incertidumbres que yo tenía provenían de diferentes ámbitos, por eso, quizá, ese ejercitar la memoria va navegando entre recuerdos para apalabrar respuestas en todos esos aspectos que ves tratados en el poemario. En cuanto al proceso, creo que mi formato de escritura es hacer, sin mucha vuelta. Casi como volcar palabras en una hoja, para después no volver a ver el texto en meses. Para Ejercicio de las memorias escribí, reescribí poemas de hacía tres años y, a último momento, después de entregada una tercera versión, dije «ta, es ésta» (más por no joder a las editoras que por creer que el producto estaba terminado; ¡ya me daba vergüenza mi desprolijidad!). Así, en Ejercicios se encuentra el trabajo creativo de tres años condensando en semanas locas de alcanzar el verdadero estilo y la más sincera memoria que pueda alcanzar alguien que recuerda siempre como una/o extraña/o.

Pocas veces he tenido tan claros cuáles son mis versos favoritos en un poemario: «quiero saber que puedo golpear a un tren / y descarrilarlo». Tu poesía tiene realmente una fuerza insólita. ¿Sos consciente de lo contagiosa y liberadora que puede llegar a ser esa fuerza? ¿De dónde nace? ¿Es para vos una forma de catarsis, puede serlo igualmente para otras personas?

No realmente, tras la publicación tuve una muy buena respuesta de quienes adquirieron el libro. Sin embargo, la prensa nacional no me dio ni la hora. Estaba bastante disgustada por eso. Creía que Ejercicios era un libro malo y que entonces yo era mala. No obstante, recibí el primer premio de poesía joven de la Casa de los Escritores de Uruguay. Fue increíble porque cuando creía que no debía volver a publicar, personas que admiro como creadoras le dieron tal honor a mi trabajo. Eso me revitalizó, y aunque es un poco triste o inseguro depender de un premio para volver a confiar en mi escritura, la energía negativa que recibí por parte de intelectuales, así como también la indiferencia de otros poetas me pegó fuerte. Yo qué sé... lo veía diferente; la experiencia de formar parte de un colectivo de poetas ultrajóvenes me hizo notar que juntos y juntas era la clave, y cuando veo a otros/as jugando al/la maldito/a me re calienta. Exacto, ahí está la fuerza. Soy una persona que se recontra re enfurece, y con el enojo soy Messi: si no lo emboco, lo juego in your face. Una lectora me pasó captura de un poema del libro añadiendo que la había tocado. Entonces creo que puedo responder que sí; mis lectores pueden descarrilar un tren porque mi poesía es humana, no juega con la palabra críptica, mi poesía es más que idea, es mi vida: esa cosa inalcanzable que me pasa y la siento y no.

En paralelo a esa fuerza, tenés además otras instancias donde te permitís un lugar para la duda. Se diría que esta multitud de prismas a la hora de interpretarte a vos misma y a tu entorno es una de las principales virtudes de Ejercicio de las memorias. ¿A qué responde esa pluralidad de perspectivas? ¿Buscan ser un reflejo de lo imprevisible y lo lindo de la diversidad de las personas, también en sus contradicciones? ¿Son quizá la consecuencia necesaria de una mente poética inquieta, imaginativa, sinfónica y poliédrica?

«La cosa es así» no existe. Como ser humana en este mundo hago lo posible por ser lo que considero una persona virtuosa en humanismo, pero a la vez tengo un ejército de actitudes que están de menos y que no puedo negar. Soy esa polifonía de pibas y pibes en mi mente que se combaten todo el tiempo para ver quién sobresale ahora, cuál versión de mí.  Además, ese combatir es súper cambiante porque realmente, y no quisiera citar al Cuarteto de Nos, pero una canción de ellos dice «ya no sé qué hacer conmigo», y esa es la característica más sobresaliente en mi persona. Capaz mejor cito a  Pepe Mujica: «como te digo una cosa te digo otra». Soy tan inquieta que me muevo externa e internamente, soy tan imaginativa que si hoy quiero ser baterista me creo todo un mundo que apoye las razones y los hechos que me permitirían serlo. Creo que una vez por semana le comento a mi pareja mi nuevo sueño; el último fue ser velocista. Tengo las piernas largas, ¡te juro que podría!

Hará un año te entrevistabas con Fernanda Trías (Montevideo, 1976), la escritora uruguaya contemporánea de mayor proyección internacional. Ahora en cambio sos vos quien aterriza en España como la referente de una nueva generación de autoras y autores de tu país. ¿Cómo transcurrió aquella conversación con Fernanda? ¿Qué importancia tuvo ese momento como instancia de diálogo, de articulación entre dos momentos tan diferentes de la literatura uruguaya actual?

Creo que esa entrevista fue un momento clave porque pude enlazar a la estudiante del papel con la investigadora que lograba contactar con la carne creadora. Fernanda fue súper accesible y me brindó información muy valiosa para traslocar el «mito de la autora», creado en un seminario de Literatura Uruguaya que tomé en mi universidad, y ponerlo en la voz de la escritora. Es maravillosa la oportunidad, y me rindo de rodillas ante todos y todas quienes no lo aprovechan para que dejen de lado el onanismo intelectual y se dejen vencer por los encantos de la literatura viva, de la literatura como producto humano, más humano que artístico; así entonces permitirse el gusto de celebrar las mentes detrás de las páginas, contactar con la raíz de la letra: la mente, el corazón, el amor o la rabia, lo que sea. Eso, hoy, lo tenemos increíblemente cerca: a tan solo un «MP». No quiero estudiar a Fernanda Trías como si fuese solo historia. Quiero leerla, escucharla, contactar con la creación narradora con la que escribe: solo así, creo, podré entender lo que es realmente la literatura.

Además de autora sos también editora. En 2018 levantaste a pulmón el proyecto de Liberoamérica en Uruguay, y fuiste una de las figuras claves en la edición de su antología de poesía feminista joven. ¿Qué supuso este proyecto para vos? ¿Cómo se desarrolló tu proceso de selección para este libro?

Ser editora de Liberoamérica supuso un gran desafío. Primero, porque fue la primera instancia en la que me sentí parte de algo con la capacidad de darle una luz al mundo desde la literatura; trabajo para nada terrenal: hubo que ser más idealista que racional y emprender con destino desconocido hacia lo más lejos posible. Segundo, fue una sorpresa poder representar a mi país. Acá se acostumbra a que la juventud no da la talla y, a veces, lamentablemente nos lo creemos. Yo pequé de creerme pequeña, insuficiente, menos inteligente, menos posible. Sentía que estaba en el limbo donde ser es no ser todavía, pero casi: solo hace falta esperar a que algún Dios o Diosa dé el permiso de «la madurez». La cuestión es que tuve que ser rebelde y pensar esa cosa loca de «yo puedo». De ahí en más comenzó Liberoamérica en Uruguay. Fue fácil. Aquí tenemos poetas increíbles que con solo diecinueve años te «cantaban la posta», y dejaban sin respiro. Eso me pasó con María Virginia Finozzi, una guirisa que es una locomotora, una punkie que te escupe en la cara, pero con razón, porque detecta la máscara, y uno a partir de sus poemas tiene que sacársela o seguir viviendo con la verdad de ser una pura mentira. Cuando ante la convocatoria llegó su poema, no lo dudé, era fantástico: la raíz de un árbol de palabras. Luego también me encontré con el poema de Guillermina Sartor, que está como viviendo sobrevivida de alguna forma a otra vida que le dio experiencia. Es una piba muy sabia, o no, pero tiene la capacidad de poner el mundo en un escenario ominoso y servir la comunicación en bandeja de metáfora. Realmente, el proceso de selección en Uruguay fue muy fácil, las poéticas brotan, son diferentes, son vivas y están para quedarse.  

Liberoamericanas (Liberoamérica, 2018) se publicaba en Uruguay casi en simultáneo a otra antología de poesía joven, en este caso de alcance más local: En el camino de los perros (Estuario, 2018). Como participante de ambos grupos, ¿qué similitudes y qué diferencias encontrás entre los dos colectivos? ¿Se trata de proyectos destinados en cierta forma a recorrer parte del camino juntos?

Sin duda, estamos destinados a caminar juntos el camino pedregoso del circuito literario con toda la fantochada que existe. A veces parece un hipódromo, la gente apuesta nombres, los nombres se apuran, corren, publican y cagan. Por eso hacemos fuerza, somos la generación que quiere meter la cabeza: «si algún pingo llega a ser fija el domingo / yo me juego entero / qué le voy a hacer». Vamos a recorrer el circuito. ¿Cambiarlo? No sé, pero por lo menos con dos bandas que no dejan en banda no vamos a tener tantos obstáculos. Además, no tendríamos. Hay que aceptar que las nuevas generaciones se vienen cargadas porque mamaron el acontecer de la calma, el arma más poderosa del diablo. La quietud asimila la vida a la muerte y la muerte es poesía.

Desde el exterior se percibe que la escena poética joven montevideana está en un momento muy efervescente. ¿Es así? ¿Hay algo que esté cambiando en Uruguay en los últimos años que está siendo capaz de devolver al país a la primera línea literaria latinoamericana?

Sí, es así, claro. Se puso mucho el pecho, y personas como Hoski, Santiago Pereira, Pablozzki, Martín Barea Mattos y Regina Ramos abrieron espacios muy interesantes para que se generara poesía no solo en Montevideo, la capital, sino también en el interior. Creo que con este espacio de posibilidades podemos devolver al país a la primera línea o no, no importa, ¿cuántas líneas hay? La cosa es escribir, escucharnos, no caer en las garras del ego y LEER-ESCUCHAR, LEER-ESCUCHAR y LEER-ESCUCHAR.

Con una trayectoria tan extraordinaria como la tuya, sos ya una de las personas más autorizadas en el campo de las nuevas voces poéticas de América Latina. ¿Cómo ves el panorama de la poesía iberoamericana contemporánea? Además de vos misma, ¿cuáles te parece que son las voces emergentes que están mostrando más talento hoy por hoy?

Es una pregunta difícil porque no me agrada tanto decir esto es bueno y esto no. Pero creo que hay gente que se está despegando mucho, como ya he nombrado: Virginia Finozzi, Guillermina Sartor, Regina Ramos, Federico Machado, Santiago Pereira, Hoski, en Uruguay. Ahí hay que poner ojo internacionalmente. Pero también, Liberoamericanas me permitió conocer la poesía de Solange Saballos, de Nicaragua; Vanesa Almada, Nía Cabellos, Verónica Barrionuevo de Argentina; Pris Bustamante y Yuliana Ortiz de Ecuador; Ana Patricia Moya y Lola Mascarell de España; Mónica Licea y Nadia López de México, María Belén Milla de Perú y Giuliana Marmo de Venezuela. Sin nombrar a Brasil y a Portugal, que me encantó todo porque sería un desfile de nombres interminable. Sin duda, con estas poéticas la poesía va a ganar más adeptos y se va comer como el pan y se va a beber como el vino, admitiendo toda clase de blasfemia a la hora de la mesa. 

Después de un año así de intenso, ¿por dónde pasan tus próximos proyectos como autora y editora? ¿Tenés en mente comenzar a explorar tu literatura en el campo de la narrativa, el teatro, la ficción libre?

Tengo una novela en la boca, pero me sale espuma. No, no espuma, más bien parciales, ensayos y desganos porque trabajo en el ámbito de la docencia, y hay tanto ego ahí que me saca las ganas de todo. Sin embargo, tengo esperanzas, esa novela saldrá cuando no haya tanto acogotamiento. Teatro he estado escribiendo porque Uruguay creo que tiene el mejor futuro del mundo. Las nuevas dramaturgias te vuelan la cabeza. Yo asistí al taller de Sebastián Calderón, que tendrá veintiséis, veintisiete años, y ¡pah!, cómo sabe, cómo le sale. Fue la mejor época de este año cuando estuve ahí viendo brillar a alguien tan recién hecho. Estoy realmente orgullosa de Uruguay, y el orgullo me deja sin palabras.