Kris Van Steenberge: "las historias de la Primera Guerra quedaron sepultadas por el dramático desarrollo de la Segunda"

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El dramaturgo y director teatral Kris Van Steenberge debuta como novelista con Vesania (Acantilado), una novela ambientada en una pequeña aldea belga durante la Primera Guerra Mundial y protagonizada por la joven Elisabeth y sus dos hijos, el bello Valentjn y "el Innombrable", un joven nacido con graves malformaciones a quien su padre, Guillaumen, no ha querido dar nombre.

 

 

 

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

Usted concibió la novela durante el nacimiento de sus gemelos. ¿Es en esa experiencia, la del nacimiento de sus hijos, donde está el origen del libro?

Diría más bien que la novela nace de mi conexión más profunda con la misericordia del destino lo que me ha llevado a crear esta historia. Todos los días veo a mi alrededor a muchas personas para quienes el destino no fue tan amable. Con un poco de mala suerte, toda tu vida se convierte en una pesadilla. Solo un segundo es suficiente. Todos conocen tales situaciones, tales personas. Por eso creo que muchos lectores se reconocen en mi novela.

La Primera Guerra Mundial tiene un papel principal en su novela, no solo por su relevancia histórica, sino porque sacude la vida de los personajes.

Con un poco de imaginación, puedes considerar la guerra en esta novela como un personaje. En un determinado de la novela, observamos cómo la guerra cambia la vida de los personajes, los transforma, para bien, pero también para mal: destruye los sueños y la esperanza de algunos de ellos, pero también les da una nueva dirección, una dirección en la que pueden convertirse en otros seres humanos, incluso mejores personas

El personaje de El innominado evoca desde El Innombrado de Manzoni hasta El hombre elefante de David Lynch. ¿Es un ser al que, negándole un nombre, se le niega su condición humana

De hecho, negar el nombre a un ser humano, convertirlo en un “sin nombre” es uno de los actos más horribles e inhumanos que puedes hacer con alguien, dándole. A mi personaje, puedes además compararlo con la cantidad de seres humanos “sin papeles” que corren por Europa en estos días. Un nombre es tu primera identidad, es la identidad que te dan cuando, por lo menos, una o dos personas piensan en el nombre que te van a dar y toman una decisión. Sin esa decisión, si no toman esa decisión, no hay un comienzo justo de tu vida.

El innominado también podría recordar a Benji de Faulkner: desde una situación de marginalidad, nos cuentas la historia desde su perspectiva.

Al contar la historia desde ese punto de vista, trato de llevar sus sentimientos y su interpretación de la vida de forma inmediata y lo más directamente posible a la mente y el corazón de los lectores. Creo que no es posible que nadie se vea "no tocado" por su situación, su posición en la comunidad.

El construir la historia a partir de los relatos de los cuatro personajes principales ¿es una forma de negar que hay un único relato histórico, una única manera de narrar lo acontecido?

En primer lugar, es mi experiencia de muchos años dedicándome al teatro como director y dramaturgo lo que me hizo tomar la decisión de construir la historia de esta manera. Por supuesto, cada historia (grande o pequeña) tiene sus diferentes puntos de vista. Todos vemos la historia a través de nuestros propios ojos para luego contarla a otras personas con nuestras propias palabras. El hecho de que cada uno contemos la historia de forma distinta nos lleva a veces y con el paso del tiempo a encontrarnos con relatos totalmente diferentes sobre la misma situación o suceso. Además, no solo contamos la historia de manera distinta, sino que cada uno tiene diferentes razones por los cuales vivir; todos tomamos decisiones y caminos distintos, sobre todo después de acontecimientos de impacto.

Como lo es la guerra, aunque no es el único conflicto al que se enfrentan los personajes.

Tal y como te decía, considero la Guerra más como una especie de antagonista para mis personajes. El 'silencio', el 'no encontrar palabras', el 'el susurro de los aldeanos', son líneas rojas a las que se enfrentan los personajes, viven con estas líneas a diario, tienen que lidiar con ellas, defenderse de ellas e, incluso, abatirlas. 

A través de Elisabeth, enfrenta los sueños con la realidad, aquello que podría haber sido y aquello que realmente es. En este sentido, como se dice en un momento, ¿somos presas del tiempo, de una historia que no dirigimos?

Por supuesto, el tiempo nos controla. Nosotros no controlamos el tiempo, aunque hoy en día estemos absolutamente convencido de que podemos controlarlo. Pero no podemos, no es posible. Si bien soy de aquellos que creen en el destino, estoy convencido de que cada momento, cada segundo, puede suceder algo que altere nuestro plan de vida. Gracias a este convencimiento, vivo con más libertad. Al final, de lo que se trata es de vivir con la mayor humanidad posible. Todo lo demás, escapa de nuestro control. De lo que se trata es de vivir siendo la mejor versión de tú posible.

Guillaume es aquel que lo contabiliza todo, las personas son cifras, números. ¿Representa el espíritu de una época?

No, no creo que represente el espíritu de una era, no era mi intención que lo representara. En las aldeas flamencas, esa deshumanización se produjo después de 1914-18. Las aldeas flamencas, al igual que miles de otras aldeas europeas, permanecieron durante mucho tiempo siendo comunidades impregnadas de humanidad. El contabilizarlo todo es algo que Guillaume necesita para sobrevivir, es su manera de estructurar el caos en su cabeza y en su corazón. Él cree en hechos y números. No confía en los sentimientos. Esa confianza se destruye en su juventud el día en que murió su propio padre. A partir de su fallecimiento, Guillaume desconfía de todo, incluso de sí mismo.

¿La Primera Guerra Mundial fue la gran herida del siglo XX? ¿Hasta qué punto sigue abierta esta herida y hasta qué punto la Segunda Guerra Mundial ha sido una herida todavía mayor que ha provocado el olvido de la Primera Gran Guerra?

Es una pregunta muy interesante Mi abuelo tenía 18 años cuando comenzó la Primera Guerra. Tuvo que unirse al ejército desde el primer día. Después de cuatro años de horror en las trincheras, regresó a casa, como muchos otros hombres y, seguramente, le hubiera gustado contar lo que había visto y vivido, pero la reacción más común en ese momento fue no hacerlo. Le decía: 'Arthur no hables de esto. No queremos que hables de todo esto. Has vuelto, los otros chicos no. Así que, cállate, no digas nada y haz lo que todos hacemos: reconstruir este país ". Veinte años más tarde, cuando muchos de esos hombres eran lo suficientemente viejos y sabios como para estar listos para hablar sobre su horror, comenzó la Segunda Guerra Mundial, otro gran fracaso de la humanidad, que, sin embargo, se desarrolló en un contexto completamente distinto por lo que se refiere al relato de los hechos gracias al papel de la prensa. La prensa estuvo mucho más presente en la Segunda Guerra que en la Primera. Periodistas, fotógrafos, se acercaron al campo de batalla, algo que apenas se había hecho antes, haciendo posible que las noticias llegas rápidamente a las casas de todos aquellos que no fueron a combatir y sufrieron la represión alemanda. Por ello, diría que las historias de la Primera Guerra quedaron sepultadas por el dramático desarrollo de la Segunda.