Laia Soler: “Nos falta muchísima inteligencia emocional”

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Laia Soler publica "La geografía de tu recuerdo" (ed. Catedral)

 

 

 

Texto: DAVID VALIENTE

 

Con el título de “La geografía de tu recuerdo”, Laia Soler publica su nueva novela, donde el lector encontrará dosis precisas de emoción, pedacitos de rencor y sobre dosis de amor. La novela comienza cuando su protagonista, Ciara, regresa a su orígenes, un pueblecito irlandés, después de ser despedida de sus trabajos en la ciudad Condal. Entonces, la deudas del pasado resurgirán mediante, primero, la indiferencia de su hermana y, luego, sus reproches; por otro lado, mientras la vida de Ciara transcurre en su lugar de nacimiento, una serie de “cartas”, escritas por una persona muy cercana a las dos hermanas, complementan y diluyen la tensión argumental.

-          Usted comenzó su periplo literario con novelas juveniles y ahora ha escrito una novela para un público más maduro, ¿a qué se debe este cambio?

Todas las novelas que he publicado hasta el momento están muy ligadas con la persona que era al escribirlas. Supongo que tiene sentido que los temas que trato crezcan conmigo. Aun así, no soy defensora de las etiquetas y trato de no pensar en ellas a la hora de escribir. En la mayoría de ocasiones solo nos sirven para perpetuar prejuicios y para señalar quién debe leer qué y cuándo.

¿La geografía de tu recuerdo responde a esa necesidad que toda persona, alguna vez en su vida, tiene de regresar al pasado para buscar los fallos, que abrieron las heridas del presente?

Responde a una necesidad de regresar al pasado, sí, pero no en busca de errores, sino de una reconexión con todos nuestros “yo”: quiénes éramos, quiénes nos dijeron que debíamos ser, quiénes decidimos que queríamos ser. Es una mirada atrás para comprender un poco mejor nuestra identidad.

-          La novela está construida de tal forma que Ciara, la protagonista, por más que lo intenta, no puede huir de su pasado, de las cuentas pendientes consigo misma y con el resto de sus familiares, ¿nadie puede escapar de esas cuentas pendientes?

Creo que es posible huir del pasado, pero no sin renunciar a parte de nosotros mismos. La mejor forma de dejar atrás el pasado es hacer las paces con él.

-          Da la sensación de que los conflictos entre los personajes principales tienen su origen no tanto en el conflicto en sí, como en la falta de comunicación que conduce a una falta de empatía y la ruptura casi total de la relación, ¿Cree que la mayoría de los conflictos familiares son producto de la falta de comunicación?

No me atrevería a decir que la mayoría, pero muchos de ellos sí, sin duda. Y eso es extrapolable al conjunto de nuestra sociedad. Hay muchos conflictos cuya raíz no es otra que la falta de empatía, la incapacidad de comprender la postura del otro y, sobre todo, de aceptar ideas contrarias a las nuestras. Nos falta muchísima inteligencia emocional.

-          La relación de las dos hermanas es muy tensa. Se echan en cara una serie de situaciones del pasado. ¿Esto se debe a que olvidan que son hermanas o lo recuerdan demasiado?

Recuerdan demasiado que son familia, y el problema es que cada una de ellas tiene una concepción diferente de esta, así que llegar a un entendimiento es complicado.

-          A lo largo de su novela, podemos apreciar que los elementos fundamentales de una persona (aquellos que comprenden su origen, su niñez, su juventud) sufren cambios mínimo, cambios que no afectan para nada a la esencia de esos elementos, ¿cree usted que hay cosas que nunca cambian?

Nuestro pasado moldea nuestra personalidad y es inalterable, pero nosotros no lo somos. Puede que haya cosas que no cambien, pero nuestra mirada sí lo hace. La Ciara que vivió su adolescencia en Kilkerry no es la misma que regresa años después, y aunque su casa y sus recuerdos son los mismos, a lo largo de la novela aprende a mirar a su alrededor con otros ojos. La esencia sea la misma, pero su lectura es diferente.

-          ¿Por qué el contraste entre la gente que se marcha y la gente que se queda?

Porque implica una elección entre dos formas de vida radicalmente distintas: la tranquilidad del campo frente al ajetreo de la gran ciudad, la promesa de una vida familiar y pausada frente a la promesa de un futuro de éxitos laborales, algo que hoy en día solemos asociar a grandes ciudades.