Marilee Peters: "Incluso en medio de una epidemia tan terrible como el COVID-19 hay esperanza"

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La escritora canadiense Marilee Peters publica "El paciente cero" (ed. Siruela)  un libro sobre las pandemias a lo largo de la historia para los lectores más jóvenes.

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 Foto: BRENNDAN LAIN

La peste negra, el cólera, la fiebre amarilla, la gripe española, el sida, el ébola… A lo largo de la historia, las epidemias han sido una constante, sin embargo, el COVID-19 ha aparecido como algo inesperado y sin saber cómo reaccionar, no solo desde un punto de vista médico, sino también personal. ¿Hasta qué punto hemos vivido sin ser consciente de que las pandemias forman parte de nuestra historia?

Cuando se ha sobrevivido a una crisis como puede ser una epidemia, lo más lógico es que cada persona siga adelante con su propia vida, sin mirar hacia atrás. Lo que quiero decir con esto que el ser humano tiende a ser optimista y se preocupa por el presente. Esto no implica que un hecho tan importante como una epidemia no deje huellas. Claro que las deja y se imprimen en nuestra memoria colectiva y nuestra cultura.

En 1665, el astrólogo John Gadbury predijo la llegada de una enfermedad que provocaría muchas muertes a través de una cometa que se avistó en los cielos de Londres. ¿Ha habido mucha superstición en torno a las epidemias?

Como humanos, siempre estamos buscando significado en lo que nos sucede. ¿Por qué una persona se enferma y no otra? ¿Por qué una epidemia ha sido particularmente devastadora para una ciudad, región o país, por encima de otra? Puede dar mucho miedo el hecho de que no haya una respuesta clara a nuestras preguntas. Por esto, es tentador encontrar una respuesta y algo de consuelo en las supersticiones. Esa es otra buena razón por la cual es importante aprender sobre la historia de las epidemias: comprender que, si bien esta es una respuesta natural del organismo, no es algo bueno para nosotros. Los científicos sobre los que escribí en el Paciente Cero trabajaron arduamente para reemplazar las supersticiones con hechos y para aumentar nuestra comprensión de cómo prevenir y combatir las enfermedades.

Precisamente n 1665, Londres vivió las trágicas consecuencias de una pandemia, que provocó el miedo entre los ciudadanos. ¿Se puede comparar ese miedo con el que se vive hoy a causa del COVID-19?

No del todo, pues, hay que tener en cuenta que en la Londres de 1665 golpeada por la epidemia la enfermedad y la muerte eran mucho más visibles de cuanto lo es ahora. No había infraestructuras, la mayoría moría en casa, atendida por familiares que corrían el riesgo de infectarse, pues no había ningún método de protección. Por el contrario, nosotros disponemos de hospitales, con su UCI y su UVI, con médicos experimentados. Además, la ciencia nos permite conocer mucho mejor cómo se propaga la enfermedad. Vivimos una crisis sanitaria, sin duda, pero estamos mucho mejor preparados para enfrentarnos que la gente de Londres para enfrentar la peste en 1665. Somos muy afortunados de tener el beneficio de cientos de años de aprendizaje científico.

Me gustaría preguntarle sobre John Graunt como precursor a la hora de predecir la llegada de la peste a través de la recogida de estadísticas de mortalidad

¡Es una gran historia! John Graunt no tenía estudios médicos, pero se dio cuenta de que los registros de defunciones mantenidos en las iglesias parroquiales de Londres ofrecían pistas que podrían ayudar a dar sentido a las epidemias de peste que asolaban la ciudad cada año. La gente ya sabía que la peste era generalmente peor en el verano, pero no sabían cuándo sería un mal año. Al reunir los registros de todas las parroquias, John pudo ver tendencias en las tasas de mortalidad. Cuando las muertes estaban por encima del promedio en la primavera, era una indicación de que estaba comenzando una temporada de peste. Esa advertencia temprana ayudó a la ciudad a prepararse.

En España, la última gran epidemia fue la peste española de 1918, que se llevó por delante muchas vidas, sobre todo de jóvenes mujeres embarazadas. ¿Qué supuso para la sociedad española de la época y qué podemos aprender de ella?

Ante todo, lo que nos enseñó la peste española de 1918 y lo que nos enseña el COVID-19 es que los virus no conocen las fronteras nacionales. La española fue una pandemia particularmente devastadora por el momento en el que se produjo: durante la Primera Guerra Mundial, es decir, en un momento en el que la gente de todo el mundo ya estaba debilitada por años de privación y escasez de alimentos por culpa de la guerra. Lo que sucede es que no todos los países informaron por igual de sus consecuencias: mientras Gran Bretaña, Estados Unidos o Canadá, implicados en el conflicto mundial, no pudieron al principio informar abiertamente debido a la censura en tiempos de guerra, la prensa española, que no estaba bajo tales restricciones, informó de forma mucho más detallada. De ahí que a la peste de 1918 se la conociera como la gripe española.

Denomina el SIDA como la peste moderna. A diferencia de lo que está sucediendo ahora, la investigación por encontrar retrovirales y su comercialización tardó en llegar. Desde la derecha se la tachó del “cáncer gay” y se tardó en tomar medidas porque afectaba a una minoría.

En el siglo XIX, las familias de bajos ingresos se vieron particularmente afectadas por las epidemias de cólera. Hoy sabemos que eso se debe a que las áreas en las que vivían tendían a tener malas condiciones sanitarias. Pero en ese momento, nadie entendía el vínculo entre el agua contaminada y el cólera, y algunas personas pensaban que los pobres contraían cólera porque eran menos respetuosos moralmente. Fue lo mismo en los primeros días de la epidemia del SIDA: en ausencia de muchos hechos, las personas se contaban historias entre sí y a sí mismas, historias que daban sentido a eventos terroríficos y misteriosos. Nuestra capacidad de contar historias es una de las mejores cosas de ser humanos, pero espero que una cosa que estamos aprendiendo en COVID-19 sea asegurarnos de que nuestras historias se basen en hechos científicos.

Lo pregunto porque creo que el SIDA es, en este sentido, comparable con el ébola: nos preocupamos del ébola solo cuando empezaron a haber enfermos en Occidente.

Una pandemia como COVID-19 debería ser un recordatorio para todos nosotros de que todos somos humanos, todos vulnerables a las enfermedades. Los virus no respetan las fronteras nacionales, los niveles de ingresos, la raza, el género o la orientación sexual. Trabajar juntos para prevenir y tratar enfermedades es una responsabilidad compartida de todos los humanos.

¿De ahí la importancia de explicarle a los niños qué está pasando?

 El objetivo de hablarles a los niños sobre epidemias no es decirles que todos podemos ser víctimas de una epidemia, sino intentar que se den cuenta de que incluso en medio de un hecho tan terrible como una epidemia hay esperanza. Tienen que saber que siempre habrá algo que podamos aprender de la experiencia vivida. Como escritora espero que algunos de los niños que leen libros como Paciente Cero quieran ser de mayores en epidemiólogos o médicos de salud pública.