“Luz del Fuego, hoy, en Brasil y en España, sería tan intolerable como lo fue en los años 60”

Hits: 715

Javier Montes rescata del olvido a Luz del Fuego, una mujer que revolucionó las conservadoras costumbres brasileñas en los años 50 y 60 con su desnudez y sus bailes con serpientes

 

Luz edit

 

 

Texto: David VALIENTE

 

Generalmente, son dos las razones por las que un personaje cae en el olvido. La primera es debido a la propia memoria humana que, cuando le interesa, es cortoplacista y no hace grandes esfuerzos por mantener vivo el recuerdo; prefiere que las imágenes albergadas en la mente se vuelvan más tenues y oxidadas con el paso del tiempo. Otra razón es la intencionalidad humana, es decir, que un grupo de personas deseen fervientemente borrar de los anales de la historia y del recuerdo de la gente cualquier vestigio que hubiese tenido relación con un personaje que descolló y marcó, en ocasiones, la manera de pensar y padecer de una comunidad; los romanos le dieron el nombre de damnatio memoriae. Ocurrió con Marco Antonio, Calígula y Nerón. Sus sucesores en el imperio no debían estar muy contentos con cómo lo habían dejado, así que ordenaron derribar todas las estatuas que los representaran. Pero no fueron los romanos los únicos que ejercitaron tal cruel práctica, no necesitamos retrotraernos muchos siglos atrás para encontrarnos otros casos.

Pocos escrúpulos le faltaron a Stalin para hacer desaparecer de un plumazo a los políticos y pensadores que habían contribuido a la creación del Estado soviético de las fotografías oficiales: León Trotsky, Nikolái Bujarin o Grigori Zinóviev son algunos nombres que Stalin quiso exterminar para siempre antes de fallecer en 1953 y para ello recurrió al Photoshop del momento. Cualquier curioso que busque en internet encontrará el antes y el después de algunas fotos marcadas por la historia y la ignominia.

Por suerte para nosotros, la damnatio memoria ha dañado pocas memorias, pues de alguna manera el recuerdo de la persona años o siglos después ha vuelto a resurgir como el ave fénix de sus cenizas. Y en esta línea de rescatar personajes echados al olvido, Javier Montes ha publicado un nuevo libro donde resucita a Dora Vivacqua. Quizá este nombre no os diga nada, sin embargo, fue una de las mujeres más conocidas del Brasil de los años 50 y 60. Entre sus muchas atribuciones, la menos olvidable fue su capacidad para transgredir y escandalizar con su personalidad viva y llameante a los puritanos, que, no contentos con su amargura interna, querían exportarla a todos los sectores sociales. También, Dora, o como le gustaba que le llamaran Luz del Fuego, era una feminista que reivindicó con su cuerpo desnudo y sumió a los brasileños en un sueño loco de bailes con serpientes gigantes enroscadas al cuerpo, sin temor a las consecuencias que este acto pudiera tener.

Su libro es una biografía novelada que, como Javier me afirmó por teléfono, no hay que tomársela al pie de la letra: “Desde la primera página aviso que Luz del Fuego no es una biografía ortodoxa, no asumo con el lector un pacto de verdad científica, es más una evocación”. Sin duda, una mujer como Luz del Fuego estuvo rodeada de multitud de ficciones, es más, su falta de talento artístico no supuso ningún obstáculo para lograr el éxito, ya que su verdadero talento es su gran capacidad para crear, a través de su cuerpo, sus ojos, su nariz, su boca, una performance sensible, con ciertos rasgos altivos y revolucionarios que solo puede recibir el nombre de soñadora.

luz del fuego portadaJavier Montes, en Luz del Fuego (Anagrama), también muestra al lector una alternativa de vida que rompe por completo con el sentido trágico tan arraigado en nuestra sociedad, influida por el judeocristianismo y el teatro grecorromano. “Esther García Llovet dijo en una entrevista que en el medio intelectual a la gente alegre se le toma por gilipollas- me comenta Javier-. No creo que debamos rechazar la comedia como una actitud vital, es más, a mí me gustan mucho esas sociedades y personas que han sufrido muchas adversidades y aun así no pierden el buen humor y la simpatía. Por eso me gusta Luz del Fuego y Brasil, porque a pesar de las aflicciones mantienen una actitud positiva y peleona”.

¿Luz del Fuego cumple el dicho de “el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro”?

Totalmente. Y si pudiera también el cura y el monaguillo en la misa. Ya desde el epígrafe, un fragmento de los Proverbios del infierno de William Blake, intentó dejarlo claro; dice así: “La Senda del Exceso lleva al Palacio de la Sabiduría”. Propone una estrategia que personalmente me gusta mucho y que Luz del Fuego supo encarnar muy bien: llevar el exceso hasta sus últimas consecuencias. Desbordó su figura para disrumpir en una sociedad oprimida, donde la mujer jugaba un papel secundario y, junto a su particular grito de guerra de “muera la realidad, viva la fantasía”, empleó todo el arsenal a su disposición para crear una performance de excesos personales. Recordemos que no solo fue prostituta de lujo, también escribió libros, forjó utopías y defendió los derechos de los homosexuales y los transexuales, entre otras cosas.

En los primeros años de vida, Dora presencia un incendio. ¿Cómo la marcó ver parte de su casa arder?

En este caso concreto, el incendio sucedió de verdad, además el hecho de que lo provocara Drummond Andrade, el poeta más importante de Brasil en el siglo pasado; dota de más gracia al relato. Me gusta pensar que el incendio contemplado por Luz del Fuego a la edad de ocho años estimuló en ella cambios que en otra niña de su edad no se hubieran producido: una posible pérdida de la inocencia, que le llevó a comprender que el orden social establecido puede derrumbarse por un incendio.

Luz del Fuego tenía una gran obsesión por las serpientes y también por conectar con Lilith.

El mito fundacional de Adán y Eva pretende enseñarnos la catástrofe que se originó cuando la mujer accedió al conocimiento. Por desgracia, este mito ha sido el molde de multitud de ficciones patriarcales y machistas como La Bella y la Bestia, Barba Azul o Eros y Psique. Luz del Fuego invierte el relato valiéndose de la figura de Lilith que, según algunos textos apócrifos, nació del mismo barro primigenio de Adán y, a diferencia de Eva, no es tentada por la serpiente, sino que ella misma es el reptil inventor del pecado. También viene a enseñarnos como las estructuras sociales no son tan sólidas en apariencia, siempre hay una serpiente campando a sus anchas con poderes disruptivos que puede hacer pedazos la realidad del momento. Creo que este mito construye sociedades más apetecibles e igualitarias.

Vemos una evolución en su forma de entender el desnudo: primero era un acto de provocación y trasgresión, pero luego, ya en la Ilha do Sol, la desnudez se reviste de sacralidad y pureza.

Me gusta mucho jugar con el mito en mis libros, entroncar mis historias con las imágenes primigenias que aprendemos desde niños. Luz del Fuego también jugó con esto. Desnudar su cuerpo significaba aliarse con los reprimidos, con esa parte de la humanidad que está obligada a taparse, porque en un relato antiquísimo dos personas se dieron cuenta de su desnudez y sintieron vergüenza. Dora rechaza esas enseñanzas y muestra su cuerpo para recuperar el Edén que perdimos al vestirnos.

Igual sucede con el baile, para Luz del Fuego en un primer momento es su herramienta para provocar y generar controversia, no obstante, con el paso del tiempo empezó a tomar para ella un significado místico.

Es una mística que, por desgracia, no ha llegado a nosotros de forma plena. Tenemos que hacer un esfuerzo imaginativo, ya que el único video que nos ha llegado de Dora bailando es bastante decepcionante. Luz del Fuego era una mujer bajita que decía: “no soy pasional, soy provocante, y me llevo un gran disgusto cuando me acuerdo que mido 1,50m”. Suplía su falta de cualidades artísticas con un carisma de la carne solamente apreciable en directo. De algún modo, las personas que la veían sobre el escenario enloquecían seguramente debido a alguna especie de locura de la misma danzante. Por eso, en Brasil hubo una auténtica obsesión por ella. Lo mismo ocurría con Lola Flores: una vez fue a Estados Unidos a actuar y un crítico del New York Times dijo de ella que no sabía ni bailar ni cantar, pero que no se la perdieran. Las cualidades de Dora no se podían comparar con las de Carmen Miranda, quien cantaba y bailaba de maravilla; Luz del Fuego tenía un magnetismo que no resiste al paso del tiempo.

Da la sensación de que Dora quiso hacer de su vida una obra de arte y que vivió sumida en un sueño.

Un sueño provocado y completamente consciente. Luz del Fuego tenía un programa: “muera la realidad, viva la fantasía”. La tacharon de loca, aunque luchó por su sueño y llegó a morir por él. Este sueño, pues, entronca con su idea de convertir al cuerpo en una obra de arte. Lo que implica grandes dosis de ambición y un narcisismo fortísimo que, sin embargo, es algo común a todos los artistas. Pablo Picasso peleó por su creación, es más, no se portaba bien con las personas: maltrataba a las mujeres y usaba a todo el que se ponía en su camino, pero le consideramos un artista ambicioso. En cambio, si una mujer persigue lo mismo y emplea las mismas malas artes, se la considera una loca arribista sin escrúpulos. Luz del Fuego quiso acabar con ese pensamiento de desigualdad y enseñó a las mujeres que tienen tanto derecho como un hombre a perseguir sus anhelos.

Sin embargo, sus relaciones personales eran tóxicas.

No estoy de acuerdo. Luz del Fuego disfrutó de relaciones sentimentales plenas, pero se negó a ser la esposa ideal, la ama de casa perfecta; también rechazó tener hijos, una postura que incluso hoy está mal vista. Con la familia su relación tampoco la calificaría de tóxica. Es bastante normal que rechaces a tus familiares cuando tu forma de vida les molesta y quieren deshacerse de ti. A Dora la quisieron hundir, especialmente uno de sus hermanos que quería llegar a la presidencia brasileña, y una hermana de este calibre le incordiaba. Nunca cedió ante las presiones que recibía. Además, si seguimos su recorrido vital, observamos cómo pasó de una gran rebeldía de juventud a una serenidad plena, que alcanzó, entre otras cosas, construyéndose su propia familia en la Ihla do Sol. Ese sueño utópico no fue otra cosa que un proyecto familiar compuesto por gente marginada de la sociedad. Allí alcanzó la felicidad.

Luz del Fuego despertó odios y amores por partes iguales en la sociedad de su momento, ¿qué veneno tenía para lograrlo?

Su veneno fue un instinto certero para golpear donde duele. Era una mujer de acción por eso empleaba el cuerpo desnudo como un explosivo que incluso en la actual sociedad brasileña, a la que le presuponemos cierta sensualidad, detonaría. Así que podemos imaginarnos la tremenda explosión que provocó en los años 50 y 60 del siglo pasado. Todos contemplamos cuerpos desnudos en un ámbito privado, pero cuando se traslada a la esfera pública se convierte en una bomba. Por ejemplo, aunque llevan esos bikinis de hilo dental, que para mi gusto son más perversos que la propia desnudez, en Brasil no es posible hacer toples y si alguna turista despistada se quita la parte de arriba, la misma gente le increpa hasta que se va de la playa o se vuelve a cubrir los pechos. Aquí apreciamos como la sociedad brasileña se regula mediante transgresiones de poco recorrido, ya que el tabú refuerza las desigualdades. El carnaval es otro buen ejemplo de lo que hablo. Al permitir lo que no está permitido, da la impresión de que no existen las diferencias raciales ni de clases, por lo tanto, sostiene una estructura desigual. Sin embargo, Luz del Fuego sabía esto y se cargó el carnaval al presentarse desnuda en el Palacio Municipal de Río (lo recojo en la primera escena del libro). La desnudez, las serpientes denotan una actitud crítica que se expresa donde hace daño.

¿Qué la llevó a querer entrar en política?

No llegó a entrar en política por una serie de inconvenientes que explico en el libro. Luz del Fuego quiso codearse con la élite política porque comprendió que era un ambiente vedado para ella, y ese instinto del que hablé antes la impulsó a entrar en ese club tan selecto de hombres. Hoy sigue siendo así: solo mirar el panorama español, excepto Arrimadas, las cabezas políticas visibles siguen siendo hombres; si todavía no hemos tenido ninguna presidenta del gobierno. Que una mujer entrara en política en el Brasil de los años 50 y 60 era completamente descabellado. De todas formas, su programa planteado desde una posición idealista defendía cosas casi imposibles de lograr en aquellos tiempos.

Luz del Fuego es un claro ejemplo de que no todos somos iguales hasta la muerte.

Luz del Fuego murió de la manera más estúpida, en respuesta a un cambio de mentalidad forjado en el golpe de estado del 64. No solo se asesinó a una persona, también se acabó con una cultura, con una forma molesta de ver la vida. Era un personaje excesivo e ignorado por la élite cultural. Lo que me hace preguntarme: ¿a quién estaremos ignorando ahora? Pero así es el destino de los idealistas que sueñan realidades paralelas. En fin, me temo que no somos iguales ante la muerte.

La dictadura tuvo algo que ver en esta damnatio memoriae.

Por supuesto, además los españoles tenemos esto muy presente. Brasil y España comparten ese carácter bipolar: por un lado nos hace defender la igualación de las realidades históricas y por el otro nos empuja a una gran reacción. Bolsonaro es una de esas grandes reacciones, una mutación de la dictadura del 64 que condenó a Luz del Fuego al olvido. Luz del Fuego, hoy, en Brasil y en España, sería tan intolerable como lo fue en los años 60. Encarna todo lo que Bolsonaro odia: la libertad de la mujer, la elección libre de formas de vida, la libertad sexual…

¿Y qué está pasando con la figura de Luz del Fuego ahora?

Esta generación la está reivindicando de varias formas. Para empezar, sus libros, inhallables, se están reeditando; en las redes sociales también está ganando cierto protagonismo, a veces se la malinterpreta, pero eso tampoco está mal, las figuras tienen que revivir de alguna manera. A muchos nos duele la oscuridad que se cierne sobre un país como Brasil, con esa capacidad de modernización. Creo que este contexto es el propicio para apretar el botón Luz del Fuego y terminar con los nubarrones.