“Aquí no hemos venido a estudiar”

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Un debate entre los represaliados por el franquismo en el penal de Burgos es la chispa que el periodista Enric Juliana enciende en su novela “Aquí no hemos venido a estudiar” para llevarnos a los acontecimientos cruciales de la segunda mitad del siglo XX .

 

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Texto: David VALIENTE. 30/09/2020

 

El peor castigo que puede recibir el ser humano es que le corten su libertad; que lo encierren entre tres paredes de hormigón y unos barrotes de acero y solo puedas contemplar el sol a través de un ventanuco o un reducido patio. Los delitos se deben de pagar y por suerte en Europa no compartimos la mentalidad estadounidense en cuanto a ciertos crímenes se refiere. Nuestra línea roja es la pena de muerte, y sobrepasarla significa violar el segundo artículo recogido en la Cartas de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Por otro lado, las cárceles españolas han evolucionado, alejándose del sistema degradante y represaliado imperante de los años del franquismo.

Precisamente, sobre represaliados y cárceles franquistas trata el nuevo libro del periodista y escritor Enric Juliana, publicado en la editorial Arpa. Aquí no hemos venido a estudiar nos narra los intensos debates políticos de los presos en el penal de Burgos, a la par que nos muestra sus actividades fuera de los debates, sus desavenencias por temas prosaicos y la capacidad organizativa que alentaba a las personas a no quedarse atrás. Todo esto en un contexto histórico delicado como lo fue la Guerra Fría y la lucha antifranquista.

Antes de que el lector se adentre en las casi 400 páginas del libro, debe saber que no va a leer una novela convencional. Si bien dispone de todos los componentes novelísticos, según las páginas pasan, la narración se va transformando en una especie de relato académico, debido a la cantidad de datos históricos y al mismo tono del autor que se decanta por narrar los acontecimientos con verbos y sustantivos concretos que poco margen dejan al desempeño lírico. “Los hechos recogidos en la novela son reales- me comenta vía telefónica Enric Juliana-. Pero la forma como está escrito el libro pretende evocar al lector una narración literaria”. Sus intenciones son ambiciosas: “Llevar el relato hasta las puertas de la ficción sin la necesidad de cruzarlas”.

eNRICJULIANA.pORTADAEste estilo le sirve para volver a explicar el pasado y tratar de conectarlo de forma fidedigna con la actualidad, sin embargo “esto no es fácil de hacer, puede ocasionar errores en la narración de ciertas proyecciones”. Según Enric Juliana el discurso de la memoria histórica está vinculado al sentimiento y al derecho de los nietos de saber dónde se encuentran sus abuelos enterrados, lo que genera problemas. “Creo que hay que hacer un esfuerzo por revisar la historia continuamente, y esto implica que los nietos del bando ganador también tengan derecho a saber qué pasó, porque la República cometió sus errores”. Aun así, Enric Juliana no olvida que durante cuarenta años se honró al bando ganador, por lo tanto “es justo y normal que ahora se honre al otro bando”; pero “debemos hacer un esfuerzo - añade- por proseguir el relato histórico, como yo lo he tratado de hacer en este libro, para que esto no se quede en una cosa de sentimientos”.

Las cárceles: lugares para formarse.

Los reclusos del penal de Burgos durante el franquismo, tal como lo refleja Enric, se organizaron para recibir formación académica: “Las clases eran impartidas por los mismos presos, algunos de ellos con preparación universitaria”, apunta Enric. Los cursos versaban de asignaturas convencionales como idiomas y contabilidad; “pero, con el tiempo, - continúa- desarrollaron una segunda escuela clandestina con la finalidad de inculcar, a través de la lectura de libros prohibidos, una formación política contraria a la defendida por el Régimen”. Se creó un club de lectura con un grupo de presos profundamente interesados en la literatura que comentaban libros tan polémicos a nivel internacional como Doctor Zhivago.

No faltaron las sesiones de cine. El penal contaba con un pequeño proyector y una mediateca compuesta por las donaciones de las embajadas. “Después consiguieron un proyector más grande y alquilaron algunas películas, siempre con la supervisión del cura de la cárcel”, añade Enric Juliana. Los presos preferían las películas de aventuras a otras de tendencias más maduras; Orfeo resultó un fracaso, pues las exuberantes actrices les recordaban las carencias vitales padecidas diariamente.

Asimismo, la organización cultural nada envidiaba a las comunas de ayuda mutua: “sobre todo por la noche cuando las comidas eran infames, los presos se organizaban para que todos ingirieran un mayor número de calorías”. También contaban con un fondo común que proporcionaba una paga semanal a los presos sin familiares fuera que les pudieran ayudar. Los reclusos lograron, de este modo, sobrevivir a las durísimas condiciones del penal, además mantenían la mente ocupada ya que “en lugares así la actividad constante es imprescindible para una salud física y psicológica óptimas”, aclara Enric Juliana.

Faltó solidaridad internacional y entendimiento republicano

La solidaridad de la cárcel de Burgos no se repitió a nivel internacional con los republicanos españoles, y eso que tuvieron que hacer frente a una serie de problemas que ya eran evidentes en los últimos días de la Guerra Civil. El PSOE, fuerza política máxima del Gobierno republicano, se encontraba desmenuzado después de producirse el Golpe de Estado de Casado impulsado por moderados socialistas que organizaron una junta de defensa con la intención de negociar con Franco, contrariando los intentos de resistencia del presidente de la República, Juan Negrín. “Una vez en el exilio, el PSOE se fracturó entre los incondicionales de Negrín y quienes se posicionaron a favor de Indalecio Prieto”, matiza Enric Julina. A esto debemos sumarle la dispersión de los dirigentes republicanos acentuada por las invasiones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Con todo, en 1946, gracias a la ayuda prestada por Francia, se organizó un nuevo Gobierno republicano dirigido por Giral. Parecía que los aliados iban a intervenir y derrocar a Franco, pero no fue así: “Los ingleses y los norteamericanos, aunque no eran partidarios del Régimen franquista, temían que España entrara en otra fase turbulenta que los soviéticos pudieran aprovechar”, señala Enric. Así que se emitió una resolución para que los países aliados aislaran el Régimen franquista, pero no hubo sanciones económicas que seguramente habrían derrocado al dictador.

La República impidió que España se fuera al traste

Los republicanos en el exilio poco pudieron hacer por la España desvencijada de la posguerra, solo esperar el milagro que impidiera el naufragio total. Ese milagro llegó con tintes republicanos en la figura de Joan Sardá Dexeus, exasesor de Josep Tarradellas los meses previos a la Guerra Civil. “Sardá era un republicano formado en el London School of Economics y con contactos en las altas estancias económicas internacionales, es decir, el tipo ideal para una España decadente y recién salida de una guerra.” -señala Enric. En los años 50, el Gobierno franquista buscaba revitalizar la economía mediante la liberalización progresiva. Supieron de la existencia en Venezuela de Sardá al que propusieron ser el nuevo jefe de estudio del Banco de España. No se podía cuestionar su desprecio al Régimen, pero, por encima de todo, primaron los contactos que el economista tenía en el Banco Mundial y el FMI. Según Enric Juliana “Los americanos jugaron un papel crucial en el rescate de España; sin la presión de estos el FMI no le hubiera dado un duro a Franco”. La persona que hizo posible este nexo no fue otro que Sardá, motivo por el cual “en la novela he querido explicar la importancia histórica que tiene. Es una pena que el grueso de la población desconozca su existencia”.

El 62, fecha crucial para España

Enric Juliana nos muestra en Aquí no hemos venido a estudiar los cambios que se producen tanto en el ámbito nacional como en el internacional en el año 1962. España experimentó un crecimiento anual de un 7%, fruto de las políticas de Plan de Estabilización dirigido por Sardá. Un crecimiento que no se detuvo en los años siguientes y que provocó profundos cambios sociales. Uno de los cambios de gran repercusión actual es la despoblación del campo: la España Vaciada nació a consecuencia de la mecanización del campo y la necesidad de mano de obra industrial. Las ciudades empiezan a poblarse de provincianos, un peso difícil de sostener para la recién nacida industria española, que obligaría a muchos a tomar la ruta de la emigración principalmente a ciudades alemanas.

Aunque la mejora cualitativa pueda parecer no tener fisuras, la realidad era que el cambio demográfico brusco que el país vivió en la década de los 60 trajo conflictos sociales, Enric nos lo resume de la siguiente manera: “El crecimiento de las ciudades desembocó en conflictos sociales. La gente se hacinó en extensiones urbanas faltas de servicios primarios”. Concluye: “El conflicto de clases estuvo servido”. Precisamente los falangistas se opusieron al Plan de Estabilización por ser contrario a su ideal: “Los falangistas abogaban por que cada persona ocupara el lugar que le correspondía, así evitaban la lucha de clases”.    

¿Estamos en una Nueva Guerra Fría?

Una de las finalidades del libro, como al principio nos confirmó el autor, es conectar la realidad del siglo XX con los acontecimientos de nuestro siglo. La novela está ambientada en los años hostiles y tensos de la Guerra Fría, que enfrentó al bloque capitalista encabezado por la superpotencia americana con el bloque comunista con su representante más peleón, la Unión Soviética. Actualmente, el aire que se respira cada día se asemeja más al vivido cuando el Muro de Berlín estaba en pie. “La diferencia reside en lo que cada potencia exporta: antes se exportaba ideología, ahora productos”. Una vez la URSS consiguió asegurar espacio vital, emprendieron una carrera ideológica que les condujo al espacio: “En el libro recreo la imagen de los presos de Burgos celebrando los éxitos espaciales de los soviéticos, éxitos que no gustaron nada a los americanos; no llevaban muy bien que un soviético diera vueltas alrededor de la tierra, porque eso significaba que la capacidad técnica era superior a la suya”, cuenta Enric. Pura propaganda. “Hoy, China busca exportar sus productos y obtener materias primas a la vez que asegura sus vías de comunicación”. El sistema chino, en cuanto a agresividad, no se puede comparar con el soviético, aun así, a los americanos les resulta molesto, no debe agradar que el país que antes te servía de industria y de mercado de mano de obra barata te adelante por los dos lados.

No obstante, en esta pugna económica, la tecnología juega un papel estrella: “es como si hubiéramos pasado de la carrera espacial a la carrera de la inteligencia artificial”, advierte Enric. Pero no descarta que se regrese a la luna por el interés de alguno de los dos países de demostrar sus capacidades, “por eso China envía todos los años un cohete al espacio”. Los ecos de la Guerra Fría vuelven a resurgir, el mundo se vuelve a polarizar y cada potencia exige a sus países aliados “disciplina”.

Llegados a este punto, ¿cuál es el papel que juega la Unión Europea en el nuevo marco internacional? Responde Enric Juliana, autor de Aquí venimos a estudiar: “Para que tenga un papel importante primero debe tener tamaño, y para tener tamaño, se tiene que unir para comprobar que la unión tiene sostenibilidad”. Continúa explicando la importancia que tienen los acontecimientos de junio, cuando la Unión Europea ayudó económicamente a los países del sur, los más azotados por la pandemia: “Alemania tomó conciencia de que la única manera de salvar la unidad de mercado era asegurarse que ni Italia, ni España, ni Portugal sufrirán una depauperación de la economía, porque la unidad se mantendrá si unos mercados no pisan a otros, sino seguramente tendremos que hablar de un resquebrajamiento de la Unión Europea”.