“Me llamo Patricia Aguilar y he estado en una secta”

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La periodista Vanesa Lozano narra en el libro Hágase tu voluntad (Ed. Alrevés 2020) el calvario por el que pasó Patricia Aguilar, la joven de Elche que tras más de dos años de conversaciones por internet con Félix Steven Manrique, al cumplir la mayoría de edad, cogió el dinero de su familia, se compró un billete a Lima y lo dejó todo para reunirse con Él. La convenció de que iban a repoblar el mundo tras el apocalipsis que estaba muy cerca. Al poco de llegar se encontró con que Él ya tenía cinco hijos y dos mujeres, que se mataban a trabajar para que Él pudiera descansar, recibir mensajes divinos y ordenarles qué debían hacer. Acabó en mitad de la selva peruana, pariendo sola a su hija en una chacra, mientras Él la dejaba a cargo de todos los niños y se iba con sus otras mujeres a un pueblo cercano para que ellas buscaran trabajo.

Patricia

 

 

Texto: Roser HERRERA 15/10/2020

 

Hace muchos años, un amigo mexicano me convenció de que su familia tenía una maestra que había tenido acceso al Conocimiento y mediante la telepatía podía leer sus anhelos, sus proyectos, sus deseos más íntimos y les conducía por el camino de la vida con sabios consejos a pesar de que no la conocían personalmente, jamás la habían visto y solo se comunicaba con ellos por carta.

Todos en la familia se sintieron privilegiados, escogidos de entre la mayoría de los mortales para ser guiados, y creyeron a pies juntillas lo que la maestra les decía, modificando sus comportamientos, sus objetivos, sus relaciones sociales y de pareja... Al saber de esta historia, inicialmente pensé que era imposible, que nadie podía conocer de esa forma tan profunda a un desconocido, que había algo raro en todo aquello, pero poco a poco, mi amigo me fue convenciendo de la existencia de la telepatía, de la capacidad de la maestra de meterse en su cuerpo y en su mente para leer sus pensamientos, de su capacidad para aparentar cuarenta teniendo centenares de años gracias a la meditación, al yoga, a una dieta sana y a no sé cuántas cosas más. Tal era su convicción en su existencia que logró hacerme dudar, hasta el punto de llegar a envidiarle y a tener una secreta expectativa cada vez que abría el buzón para ver si aquella mujer tan sabia también me escogía para guiarme. Años más tarde, se destapó el pastel: alguien muy cercano a la familia se había hecho pasar por la maestra y había escrito todas las cartas.

Tras mi experiencia, que afortunadamente no me conllevó consecuencias tan funestas como las de Patricia Aguilar, no me cuesta nada imaginar el proceso mental por el que fue pasando ella y cómo llegó a creer en lo imposible para acabar siendo víctima de esa manipulación por parte de un ególatra manipulador grandilocuente.

Creemos que algo así a nosotros no nos va a pasar. Pensamos que estamos a salvo, que es de débiles o de personas con problemas dejarse convencer sobre teorías conspirativas, esoterismos varios y temas relativos a las energías positivas, pero en 2011 se calculaba que unas 500.000 personas en España pertenecían a sectas y según el psicólogo de Patricia Aguilar el 80% de las víctimas tienen estudios superiores.

 

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En Hágase tu voluntad  Vanesa Lozano narra la historia de Patricia Aguilar tras horas de charlas con ella, intercalándola con otros pasajes en los que cuenta cómo lo estaba pasando su familia y su lucha por encontrarla y rescatarla del infierno en el que se había metido. Una obra amena y rápida de leer, que logra encogerte el corazón, pero que es más necesaria que nunca cuando según las estadísticas un 89,9% de los adolescentes tienen móvil y con conexión a internet libre, estando a un solo click de que cualquiera, incluso desde la otra punta del mundo, pueda entrar en la intimidad de su cuarto, dentro de nuestra casa y manipularlos para convencerles de lo que sea.

 

Vanesa, este es tu primer libro, ¿por qué decidiste escribir la historia de Patricia Aguilar?

Es un caso único para comprender la compleja problemática de las sectas y cómo actúan. También es una historia esperanzadora, porque hoy Patricia es libre, está a salvo y ha conseguido regresar de donde muchos dicen que no se regresa, del infierno.

 

El libro intercala capítulos en primera persona con otros en los que el lector puede seguir lo que hacía su familia para encontrarla y traerla de vuelta a casa, ¿cómo lograste meterte tanto en lo sucedido para escribir desde su punto de vista?

Conocí el caso de Patricia cuando trabajaba en la revista Interviú, unos días después de la desaparición de la joven. Desde entonces, seguí de cerca la búsqueda de Patricia y la lucha titánica de su familia por frenar y encarcelar a su captor. Fui testigo directo de su impotencia, su agonía y también de sus logros. Tras el rescate de Patricia, la conocí también a ella y tuve la suerte de que me eligiera para contar lo que hasta entonces solo había relatado a su psicólogo. Han sido dos años de encuentros y largas conversaciones telefónicas con ella, en confianza, grabadas, que han permitido reproducir literalmente no solo las palabras de Patricia, sino qué se le pasaba por la cabeza en cada momento y qué sintió aquellos meses de cautiverio, malos tratos y abusos sexuales, junto a Félix Steven Manrique, su captor.

 

Una de las cosas que pone los pelos de punta es que Patricia se pasara dos años escribiéndose y hablando con un desconocido que, poco a poco, iba comiéndole la cabeza sin que nadie se enterara, ¿crees que este libro debería ser una lectura obligatoria para padres de adolescentes?

Completamente. El de Patricia es el primer caso de captación en España que ha podido ser documentado desde el principio hasta el final y eso arroja mucha información y claves importantes para que un padre, un hermano, una pareja, un amigo… detecte un caso similar y pueda prevenirlo. Contamos con más de 11.000 folios de conversaciones entre Patricia y el gurú durante un año y medio, antes de que se marchara con él a Perú, donde se aprecian las sutiles técnicas de manipulación que empleó su captor con ella; el libro también recoge el relato de la propia Patricia, que ahora es capaz de analizar cómo y por qué cayó en sus redes; también incluye los testimonios de otras exadeptas, informes policiales, entrevistas con la madre del gurú para conocer sus antecedentes y contextualizar sus actos delictivos, reconocimientos médicos y periciales psicológicas de Patricia y las otras víctimas… y, lo más importante y, a mi juicio, desconocido en este tipo de problemática: cómo una joven a la que han robado su juventud y su identidad, a la que han anulado por completo, consigue recuperar su vida.

¿Dónde está el límite entre que alguien nos convenza de algo, aunque luego nos parezca imposible, y haber sido captados por una secta? A uno siempre le parece que decide, que es el dueño de sus propias decisiones, ¿cómo podemos darnos cuenta de que estamos siendo víctimas de una secta?

El problema no está en lo que nos hacen creer, el delito está en cómo nos hacen creerlo, los métodos, cercanos a la coacción, el chantaje o la amenaza que las sectas emplean para conseguir que hagamos algo. Al principio, siempre son sutiles, pasan desapercibidos. Si vinieran advirtiéndonos de que van a captarnos para aprovecharse de algún modo de nosotros, nadie caería en su trampa. El gurú de Patricia empezó ofreciéndole ayuda espiritual y cariño tras la muerte de su tío, pidiéndole que leyera textos filosóficos y religiosos interminables, que escribiera para él, que le contara los sueños que la chica tenía por las noches… es lo que los expertos llaman el “bombardeo de amor”. Así, el gurú de Patricia empezó a ocupar todo su tiempo, haciendo que la joven dejara de relacionarse con su familia y con sus amigos, las personas que realmente la querían y podían alertarla de las verdaderas intenciones de su nuevo amigo de internet. A lo largo de los meses, también la enamoró y su “ayuda” se hizo indispensable para la adolescente. Y entonces, de forma gradual, él empezó a exigirle y a controlar sus amistades, su forma de vestir, su alimentación, sus horas de sueño y hasta cómo debía depilarse… todo disfrazado siempre bajo el pretexto de un bien superior, de ayudarla a avanzar en su proceso espiritual. El adepto es el último es darse cuenta de que ha sido engañado, por eso es importante que su entorno esté atento a cualquier cambio en su comportamiento, rutinas, en su forma de pensar o su discurso, nuevas amistades… y, en caso de que se detecte que puede estar bajo la influencia de algún grupo sectario, tratar de sembrar la duda en él y poner a su alcance toda la información y no solo la que le imponen como única dentro del grupo.

George Gurdjieff fue un maestro místico que murió a mediados del siglo XX, ¿qué tenía Félix Steven Manrique que ver con él y por qué se hacía llamar Príncipe Gurdjieff?

Para elaborar su doctrina, Manrique selecciona y mezcla un batiburrillo de ideas de diferentes religiones, corrientes filosóficas y gurús muy dispares entre sí. Coge lo que le interesa y lo incorpora. De todo lo que predicaba el gurú armenio, Manrique se queda con lo relativo a la magia sexual, el verdadero Gurdjieff defendía que uno de los caminos para avanzar espiritualmente era a través de la sexualidad. Ocultarse bajo la identidad del Príncipe Gurdjieff y de otros en redes sociales, permitió a Manrique no ser detectado mientras captaba a varias víctimas a la vez.

Durante meses Patricia no quería volver con su familia por mucho que intentaban comunicarse con ella, otros padres tal vez hubieran tirado la toalla, ¿por qué crees que la familia de Patricia nunca se rindió?

Creo que ninguna familia que tenga a un ser querido desaparecido tira la toalla nunca. Pero la familia de Patricia entendió rápidamente lo ocurrido con la joven y buscó ayuda de personas que la asesoraron bien. Alguien les hizo entender que Patricia estaba captada psicológicamente y que, incluso cuando no pidiera auxilio, necesitaba ayuda. Afrontaron con valentía el problema, sacrificando su intimidad al exponerse públicamente a cambio de ejercer presión para que el captor de Patricia diera un paso en falso, cualquier pista que pudiera orientarlos sobre dónde tenía escondida a la joven.

Al parecer Félix Steven Manrique tenía varios perfiles en redes y estaba en contacto con miles de menores a la vez, ¿por qué las autoridades no podían actuar antes?

Manrique tenía agregadas como amigas a más de tres mil menores en Facebook, de todas las partes del mundo. Imaginemos la complejidad de investigar si, detrás de cada uno de esos perfiles, podía ocultarse una víctima de algún delito. Sobre todo, cuando ni siquiera existían herramientas legales para investigar el caso de Patricia.

¿Qué deberíamos cambiar para que no vuelva a suceder algo así?

En España no hay herramientas legales con las que frenar a personas como Manrique. Muchos expertos, asociaciones y familias de adeptos, ahora también la propia Patricia y su familia, llevan años luchando para que se incluya en nuestro código penal un delito que reconozca y castigue el abuso de debilidad, similar al que ya existe en países como Francia o Luxemburgo.

¿Cómo están hoy en día Patricia y su hija?

A salvo y libres. Patricia ha vuelto a nacer, gracias a su hija encontró la fortaleza suficiente para salir no solo físicamente del horror de la sumisión más absoluta, sino también psicológicamente. Ahora está centrada en su hija y en conseguir para ambas un futuro mejor.

¿Por qué debería un lector escoger tu libro?

En los años que llevo trabajando como periodista, no he conocido ni creo que conozca otro caso como el de Patricia Aguilar. Tampoco personas como las que hay detrás. Su experiencia y la de muchas personas que se unieron en una lucha titánica para hacer posible lo imposible, pueden inspirar y ayudar para salvar a tantas otras Patricias y a sus familias. Su relato, tan estremecedor como esperanzador, hacen de Hágase tu voluntad un libro único.