POESÍA: Otra forma de escribir poesía

 

texto ENRIQUE VILLAGRASA foto FILM 'PATERSON'

‘Paterson’, de Jim Jarmusch, es el último ejemplo de gran cine inspirado en los versos de un gran poeta; para el caso, William Carlos Williams, cuya 'Poesía reunida' recuperará Lumen este mes de marzo.

Acabo de ver Paterson (2016), en inglés y subtitulada en lengua española, esa película de Jim Jarmusch que es un excelente homenaje a la poesía de William Carlos Williams (1883-1963) y es, a la vez, otra forma de escribir poesía: quién nos dice que no es un poema visual llevado a la pantalla grande; o, tal vez, el edificio que contiene al poema hasta la fecha debería ponerse en entredicho. ¿Cabe otro continente para la poesía con el mismo contenido? No lo sé; pero, al igual que la película, la poesía de este enorme poeta me hace pensar en eso y en el Ulises de James Joyce, en esa cotidiana vida y escritura, espontánea y directa: de las que conmueven y sugieren, cual catarata, y ante la que uno se queda mudo, como el protagonista de la película, Paterson, de igual nombre que la ciudad de New Jersey, e igual que ella demasiado tranquilo (aunque con la mente despierta) y tal vez demasiado afable.

La película es la crónica de sietes días de la vida de sus protagonistas: hombre conductor de autobús en su ciudad, que escribe versos que no piensa publicar, y mujer ama de casa con ganas de ser cantante, ambos con perro, no se lo pierdan, además de los amigos, el bar de la tarde y la aparición de un japonés aprendiz de poeta, admirador de Williams. Esta película es la mejor metáfora de la labor del humilde poeta. ¿Y, si la poesía es metáfora, de qué es metáfora el poeta? Bueno, el caso es que podremos leer la Poesía reunida de William Carlos Williams este marzo, publicada por Lumen, editorial que también ha publicado varios volúmenes de su poesía, y no olvidemos que en Cátedra apareció el poemario Paterson (2001), su poema más histórico y a la vez el más personal.

Volviendo a la película y a la poesía de este médico (William Carlos Williams ejerció su profesión en el Hospital General de Paterson, a unos pocos kilómetros de Rutherford, su pueblo natal, donde residió y murió), poeta de libreta en mano, como el protagonista de la película, creo que ambas, película y poesía, son fruto de la observación de lo cotidiano, pues relatan historias cotidianas con una mirada aguda e incisiva, historias que se articulan, imágenes y versos, por medio del lenguaje, en un discurso lúcido y sugerente: repetitivo, como caja de fósforos. Y ambas obras de arte, película y poesía, son como seres vivos con voz propia que se transforman en propiedad del lector por el mero hecho de visionarse o de leerse.

Cada imagen, cada palabra es, en una y en otra obra, como una nota, y la interpretación de esas notas compone imágenes y versos. Así, todo es música, fiesta, drama, comedia, o una serie de imágenes de lo vivido, imbricado todo por adictos al quehacer demiurgo, al silencio contemplativo frente a las cataratas.

Creo que esta poesía y películas como esta, que se alejan de los bodrios que nos echan en las salas y en la televisión, son muy importantes en nuestra vida cotidiana, pues nos ayudan a generar a todos nosotros una mayor diversidad de opiniones críticas. Y hoy, en este siglo XXI, tenemos la suerte de convivir con muchos directores de películas, y con otros tantos poetas, de esta talla, y vivimos el hecho de que en todas las artes algo está cambiando. Y todas estas generaciones de artistas (titiriteros todos) están conviviendo en un mismo contexto, gran fortuna la suya y nuestra.

Tanto la película Paterson como Paterson, el poemario, reverberan en el espectador y en el lector. La poesía de William Carlos Williams lo mueve todo y las imágenes que contienen ambas aluden a ese contexto, que de por sí contiene una belleza natural que nos impacta. No dejen de ver la película y de leer la poesía de este grandísimo poeta heredero de Emily Dickinson, de la talla de Eliot o Ezra Pound, y maestro de la generación Beat, y amigo por supuesto de Ginsberg.

Así pues, Paterson es la última película sobre la poesía de lo cotidiano que he visto, pero también están estas otras, que bien merecen que se las recuerde: Alphaville (1965) de Godard con la poesía de Paul Éluard, de su Capital del dolor; Esplendor en la hierba (1961), de Elia Kazan, que se basa en el poema de William Wordsworth titulado Atisbos de inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia; Hannah y sus hermanas (1986), de Woody Allen, quien nos ofrece la poesía de E.E. Cummings; El club de los poetas muertos (1989), de Peter Weir, con la poesía de Walt Whitman; o El lado oscuro del corazón (1992), de Eliseo Subiela, con poemas de Oliverio Girondo, Benedetti o Gelman. ¡Ahí es nada! 

 

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