Marcel Proust /Jacques Rivière

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Correspondencia 1914-1922

Marcel Proust / Jacques Rivière

Trad. Juan de Sola

ed. La uña rota

424 pág. 22.90€

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Señor: ¡Al fin encuentro un lector que intuye que mi libro es una obra dogmática y una construcción!”. Así comienza el epistolario entre Marcel Proust y Jacques Rivière, con esta carta de agradecimiento del autor de En busca del tiempo perdido al que fue su primer lector, la primera persona que leyó y creyó en la que iba a convertirse en una de las obras narrativas más importantes del siglo XX. Como explica en el prólogo Juan de Sola, responsable de esta magnífica traducción, el epistolario, en realidad, no debía comenzar con la nota de Proust, sino con una carta de Rivière, carta que, sin embargo, se ha perdido. ¿Qué decía aquella carta para que la respuesta del novelista fuera un entusiasmado agradecimiento? Lo cierto es que Proust no encontraba editor, fue precisamente Jacques Rivière el que hizo posible la publicación de los distintos libros que componen la obra: en 1914, Grasset había publicado Por el camino de Swann, después del que el manuscrito hubiera sido rechazado por varias editoriales, incluida NRF, donde, por mediación de Rivière, Proust terminaría por publicar los otros libros. “Haga cuanto pueda para hacerse con él: créame, más adelante será un honor haber publicado a Proust”, le escribiría Rivière a Gallimard, convenciéndole de la importancia de publicar la obra de aquel escritor que, hasta entonces, sentía que no había encontrado el lector que lo entendiese. Se explica por ello el entusiasmo de aquella primera nota a Rivière en la que Proust no sólo se muestra agradecido, sino que traza un escueto mapa de su obra, todavía en proceso de redacción: “En este primer volumen ha visto usted el placer que me depara la sensación de la madalena mojada en el té, yo digo que dejo de sentirme mortal, etc., y que no entiendo por qué. Pues bien, no lo explicaré hasta el final del tercer volumen. Todo está construido de este modo”.

Para Juan de Sola, Rivière fue “la persona que se tomó en serio a Proust de verdad” y su correspondencia no solo es la historia de una relación de amistad y de confianza -Si bien Proust confiesa que no recibe nadie en casa, no duda en escribirle a Rivière: ““Me hará ilusión charlar con usted si ese día no me encuentro mal. Por desgracia, no puedo saberlo de antemano, mis crisis no avisan”- sino también es un magnífico retrato del mundo literario de principios del siglo XX y de los mecanismos editoriales, que, en palabras de Sola, no difieren demasiado de las actuales dinámicas que rigen el mundo literario/editorial: “Los movimientos de Proust y Rivière son un testimonio de enorme valor de cómo funcionaba –y sigue funcionando hoy, en muchos aspectos– el mundo literario a principios del siglo XX: los favores, las enemistades, las estrategias de legitimación; la generosidad personal al margen de la obra, la concepción de los textos, los encargos, las prisas, los chismes y lo que se cuece en los mentideros; los retoques y las servidumbres a las que obliga la materialidad del texto”.